Rincón secreto en el pueblo de la Cospedal

Alberto Artero  -  21/09/2011

Rincón secreto en el pueblo de la Cospedal
 

Por azares de la vida, aterrizo esta semana en El Bonillo, pueblo de la provincia de Albacete en el que se crió María Dolores de Cospedal, que aún mantiene allí su casa familiar. Mezcla de contrastes orográficos, en él tienen cabida desde los campos de almendros a un monte bajo de singular belleza que ha sido declarado zona de especial interés ornitológico. Sitos en la misma plaza, tanto la Iglesia de Santa Catalina como el Ayuntamiento, ambos del siglo XVI y estupendamente conservados, merecen una visita. El desarrollo en su término municipal de abundantes proyectos de energías renovables, especialmente eólicos, ha hecho que no pase por las penurias de muchos otros ayuntamientos. Su desproporcionado Teatro-Auditorio público o instalaciones como la piscina cubierta comunitaria dan fe de ello.

Prácticamente al lado de la parte más monumental de la localidad se encuentra la Fonda Santiago, uno de esos locales escondidos que abundan por España y que sorprenden por la profundidad de su carta, por una notable ejecución y por el amplio abanico de vinos y licores que ofrece al comensal, nada que envidiar a algunos de los restaurantes señeros de la capital. Mezcla ecléctica de comida regional, carnes y mariscos para satisfacer el gusto de su variopinta clientela. Servidor, que lleva ADN manchego por el lado materno, evocó en esta visita algunos sabores y olores de su infancia cuando, desterrado por el nacimiento de su hermano menor, pasó unos meses del curso escolar con su abuela en La Roda, a pocos kilómetros de allí.
Tras el paté que nos sirvieron de aperitivo, empezamos con un pisto simplemente de llorar, en su punto de elaboración y sabor. Seguimos con las migas con huevo, ricas en su sencillez, que venían acompañadas de un lomo de orza realmente prescindible, único fallo de su propuesta. Concluimos los entrantes compartidos con los gazpachos manchegos con liebre y conejo, un guiso tradicional de la tierra que entra más por la boca y el olfato que por la vista pero que estaba impecable de cocción. Merece la pena probar los tres, especialmente cuando se va en grupo. Como principal, unas chuletitas de lechal deliciosas acompañadas de la clásica guarnición de patatas fritas. Un surtido de postres caseros, correctos sin más, completaron la propuesta gastronómica.
Pero quizá el mayor descubrimiento para un servidor fue el Magnificus 2006, Syrah, que eligió como maridaje de tan explosiva comida uno de nuestros acompañantes. Un vino producido en el mismo pueblo por la Bodega Sánchez-Mulierno y que es prácticamente el único representante de la Denominación de Origen Pago Guijoso, nombre debido al terreno donde se ubican las cepas de las que se extrae la producción. Junto a ella una extensa carta de ginebras y licores, algunos de ellos realmente sorprendentes por su exclusividad, que haría las delicias de cualquier aficionado a la liturgia de la sobremesa.
Coincidió nuestra visita con la Fiesta del Santísimo Cristo de los Milagros; el pueblo y sus habitantes engalanados y el local abarrotado, obispo y fuerzas vivas incluidos en la mesa de al lado. Algo que sin duda afectó a un servicio despistado en exceso. Con cafés pero sin tiempo para apurar la última, alrededor de 35 euros por barba. La España de las sorpresas culinarias añadía una muesca más a su colección. No son locales imprescindibles pero sí de buen hacer a precio razonable. Ahí queda.

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3 .- Alberto,se deshace la boca con lo que cuentas,pero casi me gusta más la descripción del pueblito.
Deberíais hacer una seccion de pueblos "desconocidos" de España.Rutas fáciles de hacer con niños,interesantes para padres.
Estuvimos en Chinchón hace poco y la verdad fue un dia delicioso.

Petipús:envidia! jajaja

anacero4

21/09/2011, 20:31 h.

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2 .- Joé Alberto, te pasas la vida llorando ¡¡¡hasta con el pisto!!!

Me apunto el sitio.

Gracias

petipus

21/09/2011, 10:02 h.

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1 .- Lo de la Fonda de Santiago es como para visitar a proposito El Bonillo.
Llevo bastante tiempo sin pasar por allí, desde que su campo de golf era rústico y lo mismo dabas un golpe que cogías una rica seta de cardo. En aquella época aprovechabamos cada vez que pasabamos para comer en la Fonda de Santiago cualquiera de los productos y platos, tanto manchegos como de cualquier otro tipo.
Existe una anecdota de aquella época, que decía que pararon a comer unos cazadores y les ofrecieron para comer langosta. Entre risas los cazadores dijeron que les pusieran una docena de langostas pero que fueran grandes. La Fonda de Santiago les puso la docena de langosta, una por fuente por el tamaño que tenían.
Fuera de anecdotas merece la pena comer allí, os lo recomiendo.

Desde Albacete

21/09/2011, 08:59 h.

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ACERCA DE

Alberto Artero.- A Mesa Puesta es lo que en términos televisivos se conoce como un spin-off. La recuperación del Alimento para el Cuerpo que durante tantas semanas acompañó los jueves a los lectores de Valor Añadido en Cotizalia. Una aproximación al mundo de la gastronomía desde la óptica de un comensal cualquiera que la disfruta, por obligación las más de las veces, por devoción las menos. Impresiones personales, conclusiones discutibles. Foro de debate en cualquier caso. Quedan invitados a participar.

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