Miércoles, 8 de julio de 2009
TENDENCIAS
CARTA DE AJUSTE
@Nacho Gay - 26/10/2007
Una lectora me escribe un comentario sencillamente genial, en el que me pone a caer de un burro por criticar en este mismo blog a María Patiño en el artículo titulado Pornoperiodismo. Y es genial fundamentalmente por el título del mismo: "Perro no come carne de perro", frase que sintetiza de manera magistral su descontento porque un periodista -el menda- haya criticado a una colega -Patiño- en el ejercicio de su profesión.
Sin embargo, esa frase estupenda da por supuestas quizás demasiadas cosas que impiden que su significado se sostenga. En concreto, tres. Primero, que el periodismo es una profesión, algo de lo que yo sinceramente tengo mis dudas. Segundo, que María Patiño y yo ejercemos -independientemente de cómo se llame- el mismo oficio. Vuelvo a tener dudas. Y tercero, el significado intrínsico a la máxima de marras, que yo no voy a refutar, porque otros ya se han encargado de hacerlo por mí a lo largo de esta semana.
Me estoy refiriendo a Iñaki Gabilondo y a su speech del otro día en relación a la polémica suscitada por las declaraciones de Federico Jiménez Losantos sobre la monarquía. Palabras duras contra el periodista de la COPE y contra la cúpula de la Conferencia Episcopal, que el bueno de Iñaki pronunció el lunes en el informativo de Cuatro. No se pierdan el vídeo porque es de traca.
Después de ver las imágenes, poco tengo que añadir. Porque a estas alturas, independientemente de que uno piense o no como Gabilondo, que es lo de menos, todos estaremos de acuerdo en que en este caso el contenido no tiene cabida en el continente. Porque del mismo modo que no es de recibo que en un concierto Montserrat Caballé se ponga a dar berridos al son de una guitarra eléctrica –tú has pagado para ver otra cosa-, tampoco lo es que se utilice un informativo para opinar de lo que a uno le venga en gana. No porque sea malo opinar, que es muy sano, sino porque entonces estaremos hablando de algo muy diferente a un informativo.
Es curioso que en el mismo país en el que uno puede acabar en la cárcel por quemar un par de fotos en la plaza de su pueblo, otros muchos puedan decir lo que les dé la gana, donde les dé la gana y a la hora que les dé la gana. La tele se ha convertido en un Far West en el que impera la ley del más fuerte; en el que cada uno saca la pistola cuando le parece; en el que no se respeta la ley del sheriff.
Todos los informativos son ahora opinativos, pero no se ha puesto un cartel de aviso en la cantina. La arena del espectro radioeléctrico se está utilizando para saldar deudas de sangre, mientras el pueblo llano espera que alguien le cuente lo que está pasando, y no lo que unos y otros creen que pasa o lo que quieren que pase, mientras se lían a tiros entre ellos.
En efecto, no cabe duda, perro come perro. En televisión y donde haga falta. Es una de las constantes en la evolución del hombre, digo del perro.
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