Sábado, 17 de noviembre de 2007

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LA COLUMNA

Eufemismos de Zarzuela y daños colaterales en la imagen de la Corona

@Antonio Casado - 14/11/2007

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Eufemismos de Zarzuela y daños colaterales en la imagen de la Corona

Cuando la autoestima de la Corona estaba viviendo el consabido subidón, a causa del 'efecto Chávez' -"¿Por qué no te callas?"-, los españoles supimos ayer tarde que la infanta Elena, en el cuarto lugar del orden sucesorio, se separa de su marido, don Jaime de Marichalar. Separación "temporal" y "sin efectos jurídicos". Piadosos eufemismos que las fuentes oficiales del Palacio de la Zarzuela han puesto en circulación con la vana esperanza de minimizar daños centrales y colaterales.

Será muy difícil que la opinión pública asuma unos eufemismos encaminados a mantener la ficción de que el divorcio no cabe en el seno de una familia, o una dinastía, la borbónica, por mejor decir, de tan escasas aportaciones a la causa del matrimonio. Pero es lo que se despacha en el comunicado oficial: los duques de Lugo vivirán por separado a partir de ahora -es como el reconocimiento de una situación de hecho en la vida de la pareja-, doce años después de aquel castizo "olé" de los sevillanos al "sí quiero" de la infanta doña Elena.

La noticia estaba más o menos descontada desde hace algún tiempo pero salta en el momento más oportuno para la Casa Real. Por un lado, el eventual desgaste en la imagen de la familia ante la opinión pública tiende a diluirse en la ola de popularidad que envuelve a don Juan Carlos por haberle parado los pies a Hugo Chávez. Por otro, sirve para desactivar la indagación en los aspectos más espinosos de los incidentes de Santiago de Chile, empresariales y diplomáticos, teniendo en cuenta el papel central del Rey en dichos incidentes.

No estoy insinuando que Zarzuela haya instrumentalizado la difusión de la noticia hasta el punto de haber esperado el mejor momento para minimizar sus efectos secundarios en la imagen de la Corona o desviar la atención del encontronazo hispano-venezolano. Una insinuación de esa naturaleza debería ir acompañada de pruebas. Pero eso es imposible ante tan excelentes profesionales como Alberto Aza, Díez Hochtleiner y González Cebrián, que gestionan los intereses y la imagen pública de la Casa Real con la proverbial discreción que hace al caso.

En todo caso, no es una buena noticia. Con coartada o sin coartada en el envoltorio de la misma, se va a convertir en pasto fresco para satisfacer la voracidad de la llamada prensa rosa y eso tiende a abaratar la imagen de la Monarquía en el primer círculo de proximidad al centro de la institución. No olvidemos que la infanta doña Elena es la hija mayor de los Reyes y, como queda dicho, ocupa el cuarto puesto en el turno de sucesión a la Corona de España.

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