Miércoles, 14 de noviembre de 2007
ARTE
La vanguardia portuguesa
@Alex Parrado - 14/11/2007
ARTE MODERNO EN PORTUGAL
Exposición de dibujo, pintura y escultura.
Fecha: Hasta el 2 de diciembre de 2007.
Lugar: Fundación Carlos de Amberes. C/Claudio Coello 99, Madrid.
Teléfono: 91 781 20 45.
Horario: De martes a viernes de 10 a 20,30 h. Sábados de 11 a 14 y de 17,30 a 20,30 h. Festivos de 11 a 14,30 h.
www.fcamberes.org
Gran parte de lo que fue y de lo que significó el arte de vanguardia portugués está encerrado, almacenado y custodiado por el Museo Nacional de Arte Contemporáneo de aquel país, más conocido como Museo do Chiado de Lisboa. Sin embargo, aunque sólo por unos meses, algunas de las obras más representativas que forman parte de la amplia colección del museo han cruzado la frontera y, tras un breve periplo en tierras Salmantinas, llegan a Madrid de la mano de la Fundación Carlos de Amberes para ser expuestas allí hasta el dos de diciembre.
Se trata de una selección de las tres primeras décadas del siglo pasado o, lo que es lo mismo, del arte portugués de vanguardia. Un total de cuarenta y siete obras procedentes del Museo Chiado y firmadas por una quincena de artistas, entre los que se encuentran nombres propios de la pintura como Eduardo Viana, Mario Eloy o Amadeo de Souza-Cardoso.
En definitiva, un recorrido diacrónico por tres décadas fructíferas, a cada una de las cuales se adscriben los nombres de grandes escultores y pintores de aquel periodo. Así, los años diez estarán representados por autores como el ya citado Viana, maestro del aforismo, por la obra futurista de Santa Rita, los dibujos e ilustraciones de Christiano Cruz o las obras pictóricas de Souza-Cardoso.
Los años vente dieron lugar en Portugal a la formación de un clima de ‘modernidad apaciguada’ propicio para una constante, a la vez que tranquila, renovación formal. No hay extremismos en las creaciones de José Almada Negreiros, Viana, Dordio Gomes, Abel Manta, António Soares o Carlos Botelho, pintores de la época obsesionados por las referencias volumétricas de la obra de Cézanne o Picasso. Los escultores, por su parte, se dividieron en dos flancos: unos optaron por el clasicismo, como Francisco Franco, y otros por las referencias a culturas arcaicas y al decorativismo art nouveau, como Ernesto Canto da Maia.
Por último, los años treinta, aunque todavía dominados por cierta falta de entusiasmo general, asistieron a algunos intentos significativos que se desmarcaban de la política oficial y de la hegemonía del gusto decimonónico. Destaca en este sentido la obra de Mário Eloy, representante del expresionismo y de la Nueva Objetividad y también la de Amntonio Pedro, que introdujo en Portugal el puntillismo y que también se convirtió en uno de los grandes representantes del surrealismo.
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