Martes, 11 de noviembre de 2008

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Las tenistas se lo comen todo

@Paloma Barrientos - 16/11/2007

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Las tenistas se lo comen todo
 

Mientras duró el Masters Series de tenis femenino celebrado la semana pasada en Madrid, las Sharapova y compañía no tuvieron más remedio que someterse a las directrices marcadas por las estrictas gobernantas que en forma de acompañantes las vigilaban las veinticuatro horas del día. Las inflexibles y escrupulosas normas se extendían a la dieta alimenticia que, por supuesto, no era del tipo mediterráneo (Ver crónica las tenistas….) porque previamente les habían retirado el jamoncito de Jabugo que el establecimiento ofrece a las celebrities.

Las ocho tenistas mejores del mundo -Sharapova, las hermanas Williams, Ana Ivanovic, Jelena Jancovic, Daniela Hantuchova, Svetlana Kuznetsova y Anne Chakvetadze-, que se instalaron en el Hotel Palace mientras duró el torneo, sólo podían comer pollo, brócoli, acelgas, pasta sin ningún tipo de aderezo y… aire. Con este régimen espartano resultaban inexplicables las medidas casi esculturales de todas ellas. Unos cuerpos con curvas y formas que no podían deberse a la ingesta masiva de verdura. A no ser que tuvieran el mismo ADN que Popeye y, por lo tanto, las espinacas y sus variantes no les afectaran en la masa corporal.

El misterio de los menús de las emperatrices del tenis se desentrañó el mismo fin de semana en que se cerraba el campeonato. Salvo Justine Henin y Maria Sharapova, que jugaron la final alzándose con el triunfo la primera, parte del resto se concentró en el restaurante La Albufera. Las tenistas pidieron de todo. Para abrir boca aperitivos compartidos a base de croquetas, jamón, anchoas, cogollos de lechuga, pimientos, pulpo… abundante y por su orden, dejando sitio a los arroces, la especialidad de la casa. Por supuesto, nada de agua, ni aire, sino un buen vino para acompañar el pantagruélico almuerzo.

Muy cerca de ellas, y casi con miedo de que arramplaran también con su plato o quisieran compartirlo, el periodista Antonio Rossi no daba crédito a lo que estaba viendo. En vez de gráciles deportistas parecían Borja Thyssen cuando se sienta a la mesa al mediodía sin haber desayunado.

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