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Miércoles, 7 de octubre de 2009

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Los fantasmas ocultos en las calles del Pekín olímpico

Los fantasmas ocultos en las calles del Pekín olímpico

El teatro de Hanguang. En la foto inferior, la antigua iglesia de Chanoel (Efe).

Antonio Broto (Efe) - 06/03/2008

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Lejos del Pekín olímpico de los grandes estadios y los modernos edificios, en la parte antigua de la ciudad, se esconden algunos lugares que según cuentan las leyendas están encantados, malditos o poblados de fantasmas. Aunque muchos vecinos del viejo Pekín ya no se atreven a hablar del tema, porque el régimen comunista intentó acabar con esas supersticiones, lo cierto es que sobreviven las creencias de que en algunos de esos lugares, por las noches, se escuchan los lamentos de personas que murieron allí.

A veces se trata de almas en pena que, según el budismo y el taoísmo, cometieron tropelías en vida y ahora pagan por ello reencarnadas en espectros, mientras que en otros casos se trata de víctimas de asesinatos que todavía buscan justicia.

Uno de los centros del Pekín sobrenatural es una iglesia cristiana que se encuentra a escasos metros del centro de prensa donde el Comité Organizador de los JJOO (BOCOG) comparece ante los periodistas. Allí, entre modernos edificios de cristal se encuentra la llamada iglesia de Chaonei, hoy abandonada y cubierta de hiedras, y cuyo constructor, un sacerdote inglés, desapareció misteriosamente.

Tras la desaparición, se encontró en los sótanos de la iglesia un asombroso túnel de decenas de kilómetros que llevaba hasta las afueras del noreste de la ciudad, donde hoy se encuentra el aeropuerto. Los sucesos extraños en la iglesia no acabaron allí. Años después, el lugar se transformó en la casa de un alto cargo del Gobierno de la República de China y su familia, pero cuando la ciudad fue tomada por los comunistas en 1949, el político emigró a Taiwán y dejó allí a su familia. Los vecinos de la zona cuentan que la esposa se suicidó tras ser abandonada, y que hoy se siguen escuchando sus sollozos por las noches.

Otro lugar con historias inexplicables, aunque no todos se las crean, es un popular teatro de Ópera de Pekín, en el sur de la ciudad y llamado Huguang Huiguan. El edificio, cual casa de la película Poltergeist, se construyó encima de un cementerio, por lo que los fantasmas y aparecidos, según cuentan algunos, son frecuentes.

Se dice que cuando el lugar era una leprosería, hace unos 80 años, las almas en pena no eran muy visibles, ya que tenían miedo de los enfermos que allí vivían, pero cuando el lugar se transformó en un edificio de oficinas y más tarde en el edificio actual, se sintieron más libres para salir a la luz. Los guías del lugar cuentan que tirando piedras al suelo se pueden oír los quejidos de los allí enterrados, por lo que es frecuente ver a los turistas arrojando cascotes a sus pies.

Un 'Enrique VIII' pequinés

Un tercer lugar donde las leyendas se entrecruzan es uno de los palacios más famosos de Pekín, la Mansión del Príncipe Gong, al noroeste de la Ciudad Prohibida. Allí se encuentra la llamada ‘Casa de los Espíritus’, donde se dice que el malvado y corrupto noble He Shen, dueño de la casa en tiempos del emperador Qinlong (siglo XVIII), encerraba a sus mujeres hasta que morían.

"Aquí abandonaba a las mujeres que ya no quería. Muchas murieron aquí, y desde entonces hay gente que dice haber visto cosas", asegura una trabajadora del palacio junto al edificio, que permanece cerrado a cal y canto.

Muchas otras historias de aparecidos pueblan las calles de Pekín, como la que dice que en la antigua casa del escritor Cao Xueqin (autor de uno de los mayores clásicos de la literatura china, El sueño del Pabellón Rojo) hay una orquesta fantasmal que toca de madrugada. Los antiguos campos de ejecución de Caishikou, las tumbas de famosos generales y algunos lugares donde murieron decenas de soldados en batallas son otras zonas favoritas para los amantes de lo esotérico.

Hoy en día, muchos pequineses se ríen de estas leyendas y aseguran que ya "nadie cree en fantasmas", aunque lo cierto es que las publicaciones de terror y sobre fenómenos inexplicables se hicieron muy populares en los últimos años, especialmente entre los jóvenes.

El Gobierno de Pekín no vio con buenos ojos la moda de estas publicaciones, y el pasado año decidió prohibir todas las revistas y libros con historias de fantasmas, alegando que podían dañar las mentes de los adolescentes. Después, en febrero de este año, el Gobierno chino decidía dar un paso más en esta "guerra contra el terror" prohibiendo las películas del género, usando los mismos argumentos. Mientras tanto, las calles de Pekín siguen guardando sus secretos, a pesar de las prohibiciones gubernamentales.

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