Viernes, 7 de marzo de 2008

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DECORACIÓN

Una casa hecha de trozos

Facilisimo.com - 10/03/2008

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¿Se imagina usted utilizando materiales de máquinas industriales en la decoración del baño? ¿O tener un baño sin puerta sin que esto afecte a la intimidad de la estancia? Pequeñas locuras como estas son fruto de verdaderos apasionados de la decoración y es que, para algunas personas, ésta puede llegar a convertirse en un hobby. Este es el caso de Pep y Carme, una pareja que ha dedicado más de un año y medio a reformar de pies a cabeza una antigua casa en Cardedeu, una localidad situada a unos 30 km. de Barcelona.

Pep diseña y construye escenarios de teatro y Carme se dedica a la música. Sus profesiones artísticas, su pasión por viajar y su interés por descubrir interiores de casas de todos los estilos se reflejan en la reforma de su casa, donde conviven elementos modernos y antiguos, influencias decorativas de otros países e ideas creativas. Esta casa es la prueba de que las ideas no tienen límite en decoración y que, a la hora de reformar una casa la inspiración puede venir de cualquier sitio, por inverosímil que nos parezca.



La casa es una construcción de planta baja más piso, como se ve en la primera foto, con un jardín y un garaje en la parte posterior. Al plantearse la reforma, desde el inicio, Pep y Carme tuvieron muy claro que era necesario redistribuir los espacios de la casa. En la primera planta contaban con una gran estancia, ubicada justo en la entrada principal. A continuación, estaban las escaleras para acceder al piso superior, seguidamente un pequeño comedor y finalmente la cocina, que daba al jardín. ¿Cómo reformar la cocina sin convertir el comedor en una estancia sin luz? La solución, en la segunda imagen, fue trasladar la cocina al gran espacio de la entrada, dónde también construyeron un baño y un pequeño comedor. Para evitar que al entrar por la puerta principal se viese la cocina, se apostó por construir un armario, de unos dos metros de alto y unos tres de ancho, a modo de muro de separación. Éste, una estructura de hierro y puertas de madera, permitió definir una pequeña entrada que escondía la cocina, pero que a la vez la convertía en un espacio semiabierto ya que evitaba las paredes altas hasta el techo. La luz y el espacio son las características que mejor definen la cocina, a la vista en la cuarta instantánea. En la pared que da a la calle se abre una gran ventana de cristal translúcido que permite que la luz se disperse por la cocina y la entrada sin perder la intimidad.



El suelo de baldosas se ha llenado de mosaicos hidráulicos en tono rosado y con unos dibujos en azul y crema, tal y como se ve en la primera foto, que se escogieron para cubrir parte del suelo de la casa. Son piezas artesanales hechas una a una, como los mosaicos modernistas. En la cocina, el mobiliario de abedul rematado con un grafito rosado en consonancia con el mosaico, y el fregadero antiguo de mármol blanco dan continuidad a los tonos suaves. Esto se puede apreciar en la segunda instantánea, al igual que en la tercera es posible ver el único elemento que rompe con el equilibrio: una chapa de hierro (la cara opuesta del armario-pared que separa la cocina de la entrada). Adosado a esta superficie fría, en la parte superior, aparece un armario irregular de cristal que da un aire especialmente moderno al espacio.



Al lado de la cocina está el baño, visible en la primera foto: un espacio semiabierto con unas paredes que no llegan hasta el techo y además, sin ninguna puerta. Una inteligente combinación de paredes a modo de dos ángulos rectos en forma de escalón consigue crear dos espacios. Uno, el más alejado de la entrada, ofrece una mayor intimidad con una pared que entorpece la visión. En éste se ubica el sanitario. En el segundo espacio, más a la vista, está la ducha. La piedra natural cubre parte de la pared para protegerla del agua del surtidor y, en el suelo, la piedra sustituye al plato de ducha. Justo al salir del baño, arrimada a una de sus paredes, encontramos una mesa con unas singulares sillas, tal y como se ve en la tercera foto. Unas reliquias recuperadas de los años 60 que hoy conforman el comedor de la casa. Dejando atrás la entrada topamos con una fuente de luz desbordante. Estamos al pie de la escalera y la luz proviene del gran ventanal que se abrió en el techo de la casa, que aporta iluminación natural tanto a las estancias de la planta baja como a las del piso de arriba. Esta luminosidad resalta el azul cielo de las paredes y deja a la vista detalles como las barandillas de hierro forjado en forma de flor, tal y como se aprecia en el detalle de la última imagen.



Admirando el salón como en la primera foto es cómo nos damos cuenta del interés de Pep y Carme por mezclar la personalidad antigua de la casa con elementos de otras culturas, especialmente africanas, es una constante reflejada en la decoración. El gusto por estilos alejados de la frialdad a la que nos tienen acostumbradas las propuestas europeas queda patente gracias al sofá, procedente de Marruecos. No se dejado escapar nada en esta maravillosa estancia. Si levantamos la vista, nos percataremos de que al techo del salón le cruzan unas vigas de madera, aportando un toque rústico al salón visible en la última foto.

*Contenidos facilitados por la web facilisimo.com.

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