Sábado, 11 de julio de 2009
Reinventando lo clásico
Facilisimo.com - 17/03/2008
Con más de un centenar de años a sus espaldas, la casa de Marta y Pedro continúa reinventándose a sí misma desde el lugar que ocupa en Tejina de Guía de Isora, al Suroeste de Tenerife. Lo que antaño emergía del suelo como un gigante de piedra y barro, actualmente se ha adaptado a las necesidades decorativas de una época más moderna, pero sin perder el gusto por lo tradicional.
Habrá que remontarse tres generaciones para imaginar la primera disposición de la casa, consistente en un cuarto de invitados exterior, un salón, un dormitorio y una habitación de paso que Marta quiere convertir en vestidor. El patio, la cocina, el baño y una segunda habitación son obra posterior, concretamente, de hace unos cinco lustros, al igual que el garaje. Te invitamos a conocer una vivienda donde pasado y presente comparten escenario.

En la cocina, un juego de azulejos en azul celeste y naranja vivo colocados de forma casi aleatoria en la zona de la campana, imprime una nota de alegría. El zócalo alicatado sobre la encimera permite trabajar en este espacio sin miedo a que las salpicaduras dañen la pintura de la pared. Impera el rústico en el diseño de los grifos, el conjunto de mesa y sillas, el estante para la vajilla...
El epicentro de la casa es el patio interior que recoge la segunda imagen. En la esquina se ha situado una destiladera de agua fabricada en piedra volcánica, que cuenta con un bernegal debajo que recibe el agua que destila el filtro. Se trata de piezas con solera que los actuales propietarios no han sido capaces de desechar debido a su alto valor sentimental y, por supuesto, decorativo.
En la tercera y cuarta fotografías, el dormitorio principal. Las paredes tienen una tonalidad clara muy acogedora que multiplica la luminosidad, repartiéndola por todo el espacio. Del techo cuelga una de las lámparas favoritas de Marta. Los cojines colocados en el lecho tienen un gran protagonismo, alegrando el ambiente con sus dibujos de diseños geométricos. La mesilla también contiene objetos que aportan armonía, como el bambú de la suerte en un jarrón de mimbre y el espejo enmarcado en forja.

Aunque la habitación de invitados va a sufrir modificaciones, el aspecto actual es perfectamente viable. Se trata de una estancia de amplias dimensiones a la que se accede por una puerta cuya pintura está siendo removida para su posterior renovación. La cama es un pequeño diván con cabecero y laterales de forja negra. Un cuadro de Klimt y un armario de madera oscura son dos de los complementos decorativos de este espacio.

Un retrato de los bisabuelos de Pedro recuerda a los que acceden al salón, que los primeros moradores de la casa siguen estando muy presentes. De hecho, gracias a la herencia que les dejaron a los actuales inquilinos, éstos viven libres de hipotecas... pero no de reformas. Marta confiesa que al principio tuvieron que ingeniárselas para que el techo no cayera sobre sus cabezas. En otra imagen volvemos a apreciar el arte de Mª José en unos jarrones de cerámica. En la otra vista del salón, en la segunda foto, también encontramos retratos, pero, esta vez, se trata de Marta y de Pedro caricaturizados. Y es que la propietaria perseguía la idea del contraste de estilos entre los dos conjuntos de retratos. El mueble que sirve de apoyo a la televisión es de tipo castellano y es un regalo de una tía de Pedro, lo cual vuelve a evidenciar el gusto por el mobiliario de corte antiguo.
El actual despacho fue en tiempos un pajar. O al menos eso piensan los actuales dueños tras observar la colocación de las piedras, visibles en la tercera instantánea. Pero esta habitación también se utilizó de cocina y de cuadra. De hecho, el cuarto de al lado conserva un comedero de animales de la época. Marta y Pedro han transformado el garaje en un cuarto de ensayo al que aún le faltan algunos detalles, como alguna estantería a altura media o una mesa comedor plegable para ahorrar espacio.

Los antiguos azulejos marrones tenían condenado al baño a la oscuridad casi absoluta. La intención de los actuales moradores de esta casa era dotar al aseo de mayor luz, devolviéndole un toque de merecida alegría, siendo prueba de ello las divertidas cortinas de la ducha. En un principio, se pensó en un mueble de obra como solución, pero por falta de espacio se colocó una tabla gruesa a modo de balda y se adornó el canto con azulejos de colores.
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