
Vista de Kiritimati. En la foto inferior, Toledo (Ohio).
@Jacobo Corujeira - 19/03/2008
El folleto de la agencia de viajes prometía una experiencia interesante: “Pase unas vacaciones diferentes en Londres”. Sin embargo el vuelo había durado demasiado tiempo como para cruzar tan sólo el mar Cantábrico. Cosas de los hombres: Londres no sólo está en Inglaterra; también es una pequeña villa de poco más de mil habitantes que se encuentra en medio del océano Pacífico. Menos bulliciosa que su hermana europea y con un huso horario exclusivo (GMT +14), es un ejemplo más de los caprichos de la toponimia.
La Nochebuena de 1777 el capitán James Cook, que años antes había sido el primer europeo en avistar tierra australiana continental, se encontraba navegando en su tercer viaje por la inmensidad de las aguas del océano Pacífico. Allí descubrió una isla que fue bautizada con la fecha del contacto: a partir de entonces sería la isla de Navidad, conocida también como Kiritimati. Cook y los suyos pudieron avistar a su llegada un eclipse de sol y desde entonces el lugar se convirtió en puerto de refugio para los buques balleneros y otras naves. El guano, la copra y el coco se transformaron rápidamente en la principal industria del lugar.
A comienzos del siglo XX el cura francés Emmanuel Rougier se hizo con el arrendamiento de la isla, hasta entonces en manos británicas, y bautizó la zona con nombres de lugares europeos. Así, Londres –principal punto de la isla, con 1.829 habitantes según el censo de 2005– se encuentra al lado de las ruinas de lo que hace años era París, la villa en la que Rougier instaló su casa.
Kiritimati, que pertenece desde la independencia del Reino Unido en 1979 a la república de Kiribati, es un lugar con historia, aunque la suya no sea la de las grandes hazañas sino la de los rincones oscuros: aquí ensayaron los británicos su primera bomba de hidrógeno en 1957, durante la conocida como Operación Grapple, y los estadounidenses continuaron en 1962 con la Operación Dominic.
La flora y la fauna del atolón es única, aunque el fenómeno meteorológico de ‘El Niño’ ha provocado grandes períodos de sequía y el cambio climático podría acabar con la existencia de la propia isla, de acuerdo con datos de la ONU. Como en una extraña carambola, resulta que no sólo Londres está duplicado: hay otra isla en medio del océano Índico que comparte el topónimo de ‘Christmas Island’ con Kiribati. Al Londres del Pacífico se puede llegar en avión desde Honolulu, Hawai: la compañía Air Pacific conecta el archipiélago estadounidense con el aeropuerto de Cassidy, en Kiritimati, una vez a la semana.
Hollywood, en Irlanda
Si un marciano quisiera llegar a Hollywood desde el espacio exterior podría confundirse y aterrizar en Irlanda en vez de en la soleada California, porque es allí, debajo de la fina lluvia británica, donde está el primer lugar del mundo que fue llamado así. Esta pequeña aldea (50 habitantes aproximadamente) en el condado de Wicklow, al sur de Dublín, es el punto de partida perfecto para conocer el parque nacional de las montañas Wicklow. Sus encantos no acaban en la naturaleza. También es tierra de misterios druídicos: en sus colinas se encuentran las Piper Stones, un conjunto prehistórico de cinco rocas con significación astrológica que fascina a los amantes de los monumentos megalíticos.
Además Hollywood, como no podía ser de otro modo, es un plató de cine al aire libre. En sus escenarios naturales se rodaron escenas de Michael Collins o de Rey Arturo, con Clive Owen como protagonista. Es lo que tienen estas localizaciones paralelas: que por alguna extraña razón tienen más conexión con sus ciudades hermanas de lo que uno podría pensar.
Otro viaje equívoco con la toponimia es el que lleva a Toledo, aunque quien quiera llegar a esta ciudad no lo tendrá tan fácil como si quisiera ir a la capital de Castilla-La Mancha, porque se encuentra en el estado de Ohio, en EE.UU. Conocida como la ciudad de cristal debido a la prevalencia de esta industria en el área metropolitana, es la cuna de los vehículos Jeep desde 1941 y además, un importante centro universitario.
A diferencia de su hermana española, la historia del Toledo estadounidense se remonta a menos de dos siglos atrás: surgió en 1833 de la unión de dos poblaciones, Port Lawrence y Vistula, y dos años después la disputa por la pertenencia del territorio a Ohio o Michigan acabó en una contienda conocida como la ‘Guerra de Toledo’. Sólo el presidente Andrew Jackson pudo solucionar el conflicto, otorgando el terreno a Ohio.
Berlín en El Salvador, Guadalajara en México, Valencia en Venezuela o Atenas en EE.UU... muchos son los casos de ciudades ‘repetidas’ a lo largo de todo el planeta. Los que hemos citado aquí son sólo tres ejemplos de esos caprichos de la toponimia que, en cualquier caso, parecen trasladar oníricamente a los visitantes hasta universos paralelos donde la niebla del Londres británico se sustituye por arrecifes de coral y las estrellas del Hollywood californiano, por pastores cargados de bonhomía. Lo dicho: sólo un sueño.