Miércoles, 2 de abril de 2008
EN EL DIVÁN
Los riesgos psiquiátricos de la primavera
Javier Sánchez* - 26/03/2008

Llega la primavera y nos deja sin ganas de nada a unos, y “alterotizados” a otros. En esta estación las manías bipolares, las depresiones estacionales y los síndromes de fatigabilidad y astenias primaverales afloran por doquier y amargan y alegran las guardias de los psiquiatras a días y a ratos.
En efecto, igual que diversos vientos regionales (siroco, sharav, tramontana) se han asociado a mayores índices de asesinatos y suicidios, conocemos de antiguo que ciertos momentos del día son más proclives a la muerte (por ejemplo las debidas a sangrados digestivos o a infartos de miocardio), y también que en determinados momentos del año, a los seres humanos les da por perder el juicio.
Las razones por las que en determinadas épocas del año aumenta la aparición de crisis maníacas, que se suelen componer de ánimo exaltado, verborrea, disminución de la necesidad de horas de sueño, conductas desinhibidas, irritabilidad, y a veces, delirios y alucinaciones, no se conoce bien. Sin embargo la teoría de la luminosidad y constatar que la técnica de privación del sueño es eficaz en el tratamiento de su situación opuesta, esto es, la depresión, ha dado lugar a elucubrar que posiblemente el aumento de luz influya sobre un tándem cerebral (hipotálamo e hipófisis) relacionado con la producción de ciertas hormonas que a su vez determinan el estado de ánimo (anormalmente bajo o anormalmente alto) de algunos individuos.
De la intuición clínica a la concepción de fármacos con funciones sobre estos mecanismos hipotalámicos como el derivado de la melatonina, agomelatina, de próxima introducción en los arsenales terapéuticos españoles, ha habido un camino jalonado de estudios que han sido marcadamente exitosos. Es de celebrar por tanto la llegada de un medicamento “original” y cuyos primeros resultados parecen más que prometedores, a un panorama que venía estando en los últimos años saturado de fármacos que eran “más de lo mismo” y que por desgracia no nos permitían albergar tantas justificadas esperanzas.
Por tanto, buenas noticias para las personas afectadas de depresiones de periodicidad estacional o con cuadros recurrentes (para los maníacos casi todas las noticias son buenas a día de hoy) y buenas noticias para sus familiares, seres queridos y los buenos médicos. En tiempos en que lo fácil es escribir contra las actividades cuestionadas y cuestionables de la industria farmacológica, no deberíamos olvidarnos en qué medida la calidad de vida de los seres humanos ha mejorado desde la escasa decena de medicamentos existentes a mediados del siglo XX a la situación actual.
Sin embargo, debe haber “Un jardinero fiel” en cada uno de nosotros, a todos nos corresponde vigilar cualquier posible irregularidad en la experimentación de medicamentos, exigir un comportamiento ético intachable en los profesionales sanitarios y luchar para que la justicia distributiva evite los desequilibrios entre países ricos y pobres, en términos de disponibilidad de tratamientos médicos, de comida y de higiene, de respeto de sus derechos fundamentales y de algunos cientos de cosas más.
Como Machado, desdeño las miserias y vergüenzas de tantos intereses espurios soterrados; postergo esas iniquidades y sus protagonistas para otro rato, quizá otoñal, y aún a riesgo de cumplir su máxima (“Dijiste media verdad, dirán que mientes dos veces, si dices la otra mitad”) permito a mi corazón esperar también hacia la luz y hacia la vida, sobre este olmo seco que es la ética en Medicina, “un milagro de la primavera”.
*Javier Sánchez es psiquiatra.
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