Sábado, 16 de agosto de 2008
VIAJE
Los Fiordos noruegos, el pasado congelado de la Tierra
@Jacobo Corujeira - 27/03/2008
El pasado congelado de la Tierra se desvela como un libro abierto al visitante de los Fiordos noruegos. El agua petrificada que cubrió Europa en una sucesión de eras glaciales sigue allí dominando el paisaje, cubriendo con su solidez blanca y prístina el verde de la naturaleza que lucha por abrirse paso. Un territorio prácticamente puro y sin degradar da la bienvenida por tierra, mar y aire al visitante, que no puede dejar de pensar que por aquí pasaron algún día los barcos vikingos en su rumbo al conocimiento del Atlántico, algo que hicieron mejor y antes que ningún genovés.
La tradición parece querer que la visita a estas tierras septentrionales se haga en barco, surcando sus aguas en crucero, pero el viajero siempre quiere descubrir los lugares y a sus gentes sin las ataduras del paquete turístico, y esa libertad puede venir de la mano de las cuatro ruedas: en coche desde Oslo y hasta Bergen es posible relajarse con la reconfortante quietud de estas tierras y descubrir de primera mano su naturaleza.
Nada más llegar, lo recomendable es pasar un día en Oslo para visitar los principales museos de la capital. Los locales gustan de describir a la ciudad como una “casa llena de tesoros con muchas habitaciones ricamentes decoradas”. Un consejo: recorrer el camino que separa el Congreso del Palacio Real por la calle de Karl Johan empaparse del espíritu de Oslo y continuar hasta contemplar las esculturas al aire libre el parque de Vigeland. Entre los museos imprescindibles, el de Edvard Munch (por supuesto); el Museo Internacional de Arte Infantil o, en la cercana península de Bygdøy, la Casa de los Barcos Vikingos o el Museo Kon-Tiki y el Fram.
Tomando la ruta que va hacia el norte por la autopista E6 se llega a Lillehammer, la ciudad que albergó los Juegos Olímpicos de Invierno de 1994. En ella se encuentra el Museo Olímpico de Noruega, único de estas características en el norte del Continente, y que recoge la historia de los juegos desde la época helénica clásica hasta nuestro tiempo. En realidad, toda la ciudad está llena de recuerdos y guiños a su pasado deportivo.
Poco a poco, después de Lillehammer, la E6 va girando lentamente hacia el noroeste, ascendiendo por el terreno. Cerca de Dombås, a más de 300 kilómetros de Oslo, los fascinantes bueyes azmilcleros dan la bienvenida al visitante, recordándole el dominio de la naturaleza sobre el hombre en estas tierras.
Ya en la costa atlántica la ciudad de Kristiansund, levantada sobre cuatro islas, propone a sus visitantes un paseo gastronómico por el bacalao, una auténtica delicia de la que los habitantes de este lugar se sienten orgullosos con justicia. Saliendo de Kristiansund, la ciudad más septentrional de la región de los Fiordos, no se puede hacer otra cosa que conducir por la Carretera del Océano Atlántico (la RV 64). Es imposible desplazarse por ella sin tener la sensación de que se está circulando sobre el mismísimo mar.
Próxima parada: Molde, conocida sobre todo por su festival de jazz. Desde aquí, un ferry nos traslada hasta Vestnes, y desde ahí se sigue por la E 39 hasta Ålesund, una ciudad que asombra por su arquitectura modernista. Una lúgubre pasado tiene la responsabilidad de las peculiares construcciones del lugar: un incendio en 1904 acabó con 800 edificios y dejó a 10.000 de sus habitantes sin hogar, aunque sólo falleció una persona.
Siguiendo por la RV60 desde Alesund nos alejamos del mar y tras tomar el transbordador Magerholm-Aursnes llegamos a Hellesylt, donde nos espera otro ferry –en realidad, un cucero– que surca el Geiranger, el fiordo que atrajo a los primeros turistas hasta estas latitudes. Un desvío aquí sirve para conocer las Cuevas del Aguila, sobre todo desde sus miradores. Conduciendo por la RV63 hasta Stryn y luego por la antigua carretera de las montañas nos podemos encontrar muchos lugares donde disfrutar de la visita.
Al llegar al pueblo junto al fiordo Stryn hay que tomar hacia el sur la RV60, que sigue la silueta curva del fiordo Innvikfjorden. Aquí se presentan varias alternativas para terminar el viaje. Una puede ser tomar rumbo al oeste a lo largo de la E39 hacia Førde y luego seguir por la RV5 hacia Floro, más cerca del Atlántico. La otra opción consiste en tomar la RV5, que discurre en un túnel por debajo del Jostedalsbreen, el mayor glaciar en tierra firme de Europa. Cualquiera de las dos nos acerca al final de este viaje, en Bergen. Más de una semana después y con 1.400 kilómetros a las espaldas, el pasado congelado de la Tierra parece un poco menos secreto.
Algunos datos prácticos:
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