Sábado, 11 de julio de 2009
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@Paloma Barrientos - 29/03/2008

Por motivos obvios que seguramente entenderán en ocasiones, hay detalles y situaciones relacionadas con la vida más privada de determinados personajes importantes que resulta prácticamente imposible comprobar. Y no sólo para el periodista relacionado con el poder -no es mi caso-, sino que incluso esos datos los desconocen los más estrechos colaboradores y puede ser que la familia cercana. Y no por no verificado deja de ser cierto.
Todo este preámbulo sirve para explicar, o mejor dicho recrear, unas situaciones más que probables que le suceden últimamente a su majestad y que tiene que ver con los miembros colaterales de su regia familia. Me imagino a don Juan Carlos, en su dormitorio del Palacio de la Zarzuela, dedicando su último pensamiento de la noche a una reflexión parecida a la que ahora construyo en mi imaginación. Y que bien podría resumirse en: “Cuál de todos mis parientes y seudo parientes me da mañana el día”.
Efectivamente, cuando no es un Borbón en segundo, tercero y hasta cuarto grado, apodados “los tenderos” por su afición a representar firmas a base de alterar el orden de los apellidos, es un Marichalar (titular o hermano navegante porque el resto son discretos), una tita Henar Ortiz y hasta ex colaboradores que, sin ser de la familia, también meten la pata.
La última historia desestabilizadora tiene que ver con el escándalo que ha supuesto la megacomisión que se embolsó el sobrinísimo Bruno Gómez Acebo y su primo con la venta del chalet de abuelo don Juan. Se trataba de una exclusiva del diario 20 Minutos que imagino dejaría al monarca como a Belén Esteban cuando descubrió que nadie la quería coser el traje de novia. Es decir, apesadumbrado primero y multicabreado después.
Para quien no lo sepa, la casa se vendió en 2,7 millones de euros y la comisión que se llevaron los muchachos Gómez Acebo fue de un millón y medio de euros. Es una cantidad abusiva según las inmobiliarias contactadas ya que supone algo más de un 55%. A raíz de la quiebra de la empresa CPV, que compró la vivienda, la justicia anuló las comisiones al entender que la compañía era insolvente. La empresa CPV está implicada en un espectacular fraude que afectó a más de mil personas.
Y si la primera noticia dio de lleno en la frente del monarca, la segunda podría enfrentar a los hermanos, ya que esa altísima comisión podría haber rebajado el precio del chalet y, por lo tanto, los perjudicados habrían sido también don Juan Carlos y las Infantas Pilar y Margarita. Sobre todo el primero y la tercera, ya que Bruno Gómez Acebo es socio y administrador de Labiernag 2000, una sicav que comparte con su madre la Infanta Pilar. Por lo tanto, y con mis desconocimiento en este tipo de sociedades de inversión, entiendo que algo de ese dinero iría a parar a la empresa aunque solo fuera en forma de gastos de representación tipo ramos de flores para mamá Pilar el día de su santo, cumpleaños, Día de la Madre o invitaciones tras las consabidas reuniones de consejo.
Don Juan Carlos y sus hermanas recibieron un cheque de 901.518,16 euros cada uno. Si los primos Bruno y Marcos Gómez Acebo no hubieran resultado tan avariciosos, seguramente les habría tocado un pellizquito más. Y no habría estado mal que con otro pellizquito hubieran mejorado la economía de doña Margarita, que al fin y al cabo y por su ceguera es la que ha tenido menores facilidades para resolver su vida. Aunque en su caso, la suerte le ha venido por la discreción y buen hacer que siempre ha regido la vida de sus hijos María y Alfonso Zurita.
Otro mal despertar del Rey tiene que ver con la publicación del libro de José García Abad, El Príncipe y el Rey. El periodista y escritor ilustra con datos, informaciones y chascarrillos frivolidades que tienen que ver con algunos desencuentros con la nuera/princesa ( Ver ‘Las cartas perdidas del Príncipe Felipe’ ) o el comentario de Iñaki Urdangarín y la república “(…) Estoy cada día más republicano. Yo cumplo mi papel en la monarquía pero estoy harto de lo que consigo con mi esfuerzo se atribuya a mi matrimonio…”. Y como no hay dos sin tres, el enterarse, imagino que con el desayuno en el comedor de Marivent, de los rumores que circulaban en Palma sobre la intención del ex yerno real de acudir a la Misa del Domingo de Resurrección, la frase inicial de “Verás qué follón me montan hoy” se convierte casi en premonitorio.
Por cierto, no es verdad que Don Juan Carlos le negara el saludo a Jaime Peñafiel en la fiesta de cumpleaños de Sabino Fernández Campo a la que acudieron ambos. Una invitada malvada fue la encargada de tergiversar el encuentro. De todas formas, Majestad, estos conflictos familiares ocurren en todas partes.
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