Viernes, 1 de agosto de 2008
NOTICIAS
La niñera de Carla Bruni se va de la lengua
@Paloma Barrientos - 04/04/2008

Mientras fue la bella oficial en las pasarelas y los desfiles del mundo entero, los comentarios sobre Carla Bruni no tenían más repercusión que el elevar o disminuir su noviometro, esa especie de medidor oficial que sirve para calcular la capacidad amatoria del famoso. Es decir, la duración, intensidad, profundidad y hasta vitalidad de la relación. Estas eran casi las únicas referencias, además, por supuesto, de las relacionadas con su faceta profesional como una de las top ten de la moda.
Poco se sabía de su vida familiar, de sus raíces, de su padre biológico, de los amores maternos, de la dedicación musical de su madre y de sus escapadas…. Todas esas historias íntimas han ido colándose en los medios al mismo ritmo que se acrecentaba la pasión con Sarkozy. A partir de ese día, surgieron como setas en otoño amistades más o menos cercanas que confiaban sus conocimientos a quien quisiera escucharlos. Preferentemente el receptor o receptores han sido la prensa italiana y la británica, que han convertido a la modelo en un producto mediático de fácil oferta. Cualquier noticia relacionada con ella aumenta la venta de ejemplares.
Si en su día aparecieron amigas de adolescencia que contaban que entre ellas la denominaban la “robanovios” porque no había muchacho a la redonda que no cayera en sus redes, ahora le ha tocado el turno para hablar de la Primera Dama de Francia a la tata. Teresa Bello, Tere para los Bruni, es una señora de 57 años que vive en Trento y que después de treinta y cinco años se ha vuelto a encontrar con “su niña”. Resulta que cuando se instaló en el Elíseo, la ex modelo (¿o lo sigue siendo?) y cantante la llamó por teléfono para contarle que se había casado, que era muy feliz y que le gustaría invitarla a su nuevo hogar. Tere no lo dudo un momento, hizo las maletas y allá que se fue.
Cuando volvió le faltó tiempo para contar su testimonio. Durante los seis primeros años de vida, Carla era una niña muy obediente y buena. La madre, una esplendida concertista de piano, se marchaba de viaje sin fecha de regreso y era Tere la que supervisaba absolutamente todo. Desde las comidas, a las calificaciones escolares, los deberes, las oraciones de antes de dormir, la ropa que se ponían a diario, la de los fines de semana…. Más que niñera fue una segunda madre para Carla y sus hermanos que, según sus declaraciones, echaban de menos a sus padres. Sobre todo Carla, que muchas noches se iba a la cama llorando. La niña sabía cuando estaba su madre en casa porque les despertaba al son de la ‘Marcha Turca’ de Mozart.
Cuando se fueron a vivir a Francia por el temor del padre adoptivo (el biológico era un músico) a un posible secuestro de las Brigadas Rojas, Carla lloró lo que no estaba escrito. La tata pasó con sus niños una temporada en el Hotel Ritz de París, donde se instalaron hasta que la familia encontró la casa adecuada. En ese momento, Tere Bello regresó a Italia y los pequeños se quedaron sin hada madrina que les diera el beso de buenas noches y les limpiara los mocos cuando sus papás les dejaban solos.
Para Teresa, la despedida fue muy triste y así se lo dijo a la Primera Dama cuando se reencontraron. Un final feliz para una historia que podría escribir el mismo Sarkozy y presentarla después al Goncourt.
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