Sábado, 11 de julio de 2009
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@Paloma Barrientos - 19/04/2008

Lo bueno que tienen las convocatorias de la familia Suárez (Emiliano, Benito, Lola, Isabel, Gabriel, Emiliano y Juan) es que cada vez que presentan algo nuevo lo mismo te encuentras a un banquero aún asombrado por la puesta en escena de Mario Conde en televisión, que a una guapa oficial recién separada, que al político criticón que no deja títere con cabeza o a las señoras estupendas y profesionales que no entienden la polémica suscitada por la barriga de Carme Chacón, la flamante ministra de Defensa. ¿Qué tendrá que ver el embarazo con el cargo? comentaban entre indignadas y fastidiadas por lo que tiene de misoginia esas criticas.
La presentadora Mar Saura, por ejemplo, presente en la fiesta contaba como ella estuvo trabajando hasta un día antes del nacimiento de su hija. Por cierto, un invitado que escuchó de refilón la palabra embarazo en boca de la televisiva confundió la opinión con información. De tal manera que al poco tiempo se corrió la voz en forma de “Mar está embarazada”. Saura no salía de su asombro cuando un par de invitados la felicitaban y no sabía cuál era la razón. Hasta que deshizo el entuerto fue uno de los temas de conversación junto a la irrupción de Mario Conde en el panorama mediático.
Algunos de los presentes que aseguraban conocerlo bien expresaban su sorpresa ante sus declaraciones. Sobre todo en lo referente a las memorias que ha escrito y de las que dijo que nunca se van a publicar. Aseguraron que el banquero no da puntada sin hilo y si lo contó fue porque quiere que ese mensaje llegue a quien tenga que llegar. La incógnita que no desvelaron las antiguas amistades de Conde fue el nombre (o los nombres) de ese destinatario secreto o imaginario.
Y de señores X o Y a la presencia espectacular de Martina Klein, que llevaba encima más de 200.000 euros repartidos en collar, pendientes y sortija. Es la imagen joven de esta colección, mientras que Preysler lo es en la versión madura y por eso no acudió a la reunión. Cuando ella asiste, no comparte protagonismo con nadie. Respecto a Martina, y a diferencia de los llamados “petardos oficiales” que reivindican respeto a sus intimidad, ella es uno de esos casos claros de cómo se puede compaginar la privacidad con la fama. Cuando se separó de Alex de la Nuez no escondió la noticia. Pidió consejo a su amigo y periodistas Josep Sandoval que le sugirió contarlo con la mayor naturalidad como así hizo.
Naty Abascal escuchaba atenta la explicación. Ella sabe muy bien cómo se debe funcionar en la vida pública. Y de hecho, se lo ha transmitido a sus hijos Luis y Rafael aconsejándoles que “si no queréis salir en prensa no salgáis, pero no se puede hoy sí porque me beneficia y mañana no”. En este caso concreto, Naty Abascal es la reina del glamour y su hermana gemela Ana, igual de aparente, ha permanecido siempre en el anonimato que ha buscado y ha cuidado. Nada de apariciones publicitariasa aunque sea por temas solidarios. Si hay que dar dinero, se da y si es necesario trabajar, se hace en la sombra, donde estuvieron Nacho Corral, María López Zafra, Eneida Manzano y Javier Moraleda organizando el festejo sin ser protagonistas.
Y es ese momento fue cuando la sombra de Telma Ortiz revoloteó sobre las pulseras, anillos, sortijas, collares, pulseras, pendientes de zafiros azules y rosas, esmeraldas y rubíes sangre de pichón, que son los más buscados y los que más escasean, según contaba Emiliano Suárez a los invitados. Muchos de ellos esa noche cambiaron los papeles con los periodistas. En vez de responder a las preguntas intrascendentes de este tipo de actos sentían verdadero interés por la demanda extraordinaria de la hermanan de la princesa (Ver ‘Telma Ortiz pide al juez callar a la prensa’). Se trata de un asunto cuya repercusión aumenta según pasan los días. Y no tanto por las pretensiones legales de Telma (que será la justicia quien resuelva), sino por el alcance de algunas de las decisiones, incluido el comunicado sorprendente de la APM que hubiera resultado justificado en el caso de que uno de sus asociados, Jesús Ortiz, hubiera solicitado apoyo y amparo públicamente.
Tampoco hay que descartar que las posibles repercusiones alcancen a la Corona, aunque la institución no haya tenido nada que ver con la iniciativa. El mensaje final que suele quedar en este tipo de polémicas donde un pariente colateral (tía de la futura reina) aparece en escena se resume en: monarquía sí o monarquía no.
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