vanitatis.com

Sábado, 11 de julio de 2009

Cine Teatro Música Libros Arte

El hombre que veía cuernos

El hombre que veía cuernos

Javier Sánchez* - 21/05/2008

Valorado (0/5)Valorado (0/5)Valorado (0/5)Valorado (0/5)Valorado (0/5) (0/5 | 0 votos)

enviar a un amigoimprimir

“Algo pasa en mi cabeza doctor porque mire donde mire veo cuernos”. Hace unos meses se me consultó por el extraño caso de un hombre que afirmaba poder ver cuernos por doquier, coronando cabezas. Un regusto amargo, como a hiel, y una sensación térmica de sobrecogimiento eran los signos que antecedían a su extraña experiencia que había sido considerada por otros psiquiatras claro síntoma de que andaba como una chota.

Interrogado en mayor detalle su biografía afectiva incluía tres novias, una mujer y dos canarios. Las novias, la mujer y el canario hembra, según sus palabras y por este orden, le habían “embestido” y luego volado. Fue así como empezó su zozobra. “Es una maldición,” decía, “hasta a mi canario, cuya única culpa fue acompañarme, terminé por infectarlo”. Hasta ahí habría sido un caso más, si es que no hubiese añadido a sus habilidades, la capacidad de predecir infidelidades. Veía a alguien desconocido, sentía el estremecimiento y cuernos que te crió.

Intentando validar sus experiencias como algo compartido no sólo por su canario cornudo, le conté que en Orlando Furioso, la obra de Ariosto, se relata cómo el caballero Rinaldo es invitado a cenar. Durante la cena, su anfitrión le ofrece beber vivo en una copa mágica, que permite a cada caballero saber si su dama le es infiel. De ser así, el vino se le derramará. Rinaldo, tras un momento de duda, rechaza el ofrecimiento, a lo que su anfitrión reacciona mesándose los cabellos y llorando. Cuando Rinaldo pregunta por el motivo de su desmesurada reacción, el dueño de la copa mágica viene a contestar que porque todos sus invitados, incluso él mismo, habían cedido a la tentación de mirar.

Aunque a mi paciente pareció sosegarle durante unas semanas la anécdota, cuando cuento esto mismo a algún amigo que duda de su pareja, aparte de tardar un mundo en entender la moraleja, me responden con exabruptos y caras de estupefacción y enojo. Parecen expresar ¿acaso me invitas a cenar a tu casa para soltarme que en efecto podrían estar poniéndome los cuernos? Con tanta dignidad y tanto enojo, al final me derraman el vino sobre el mármol, del que todo el mundo sabe no hay quien lo saque y se marchan cabreados como monas.

¿Cómo explicarles que los cuernos se disimulan, se llevan con dignidad e incluso se incorporan a la venerable cabeza que uno hace con el paso del tiempo, pero que lo ciertamente peligroso es la herniación de los cuernos, esto es, el proceso por el que uno tratando de replegarlos, de esconderlos bajo la cabellera acaba comprimiéndose a sí mismo el hipotálamo, cómo transmitir que la curiosidad impertinente sobre el amado engendra en sí misma la debacle del amor?

La negación, el proceso psicológico por el que una realidad dolorosa es apartada de la conciencia, se vuelve en nuestros días bien socorrida. Hoy la libertad sexual, la oferta disponible y la inmadurez se mezclan dando un cóctel de infidelidad universal, en forma de pensamiento, palabra, obra u omisión. Rinaldo elegía no saber porque amaba, el hombre contemporáneo prefiere ignorar y saber al mismo tiempo porque no ama nada que no sea a sí mismo.

Por cierto, mi paciente desapareció sin decirme si había sentido su curiosa premonición cuando me conoció. Por si acaso, tampoco pregunté.

* Javier Sánchez es psiquiatra

Valorado (0/5)Valorado (0/5)Valorado (0/5)Valorado (0/5)Valorado (0/5) (0/5 | 0 votos)

enviar a un amigoimprimir

Jardín Tecina, naturaleza y mar en La Gomera

@Jacobo Corujeira - 21/05/2008

Omotesando, la calle de la arquitectura de Tokio

Carolina Escudero (Efe) - 21/05/2008

Cinco pasos para tener unas manos de princesa

@Vanitatis.com - 21/05/2008

Las perlas de Ohrid, un tesoro con receta secreta

Ivan Blazevski (Efe) - 21/05/2008

Chanel en Miami: cruceros, moda y pistolas

@Jacobo Corujeira - 20/05/2008

Ver más»

LAS MÁS

los más leidos los más enviados

Todos los derechos reservados © Prohibida la reproducción total o parcial

Titania Compañía Editorial, S.L

ir a El Confidencial

Vanitatis

ir a Cotizalia