Sábado, 11 de julio de 2009
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@Vanitatis.com - 23/05/2008

La modelo Estefanía Luyk muestra un carácter envidiable. Tras el reciente fallecimiento de su hermano, que ha dejado consternada a los suyos, Estefanía cada vez le pone más empeño a la vida para superar un bache que supone, a todas luces, un antes y un después en la familia Luyck-Torres, que a pesar de todo, siempre tienen una sonrisa amable para quienes se interesan por su estado de ánimo.
El trabajo, su hija, una buena época profesional y el apoyo y la comprensión de su pareja parecen ser unos buenos revulsivos para mirar a la vida con buena cara. Y es que la hija del que fuera jugador y entrenador del Real Madrid de baloncesto, Clifford Luyk, no ha dejado de trabajar en ningún momento y es su hija quien consigue arrancarle una sonrisa. Este es un momento de su vida que la propia modelo define como de superación de un “golpe muy duro”, aunque intenta en todo momento “llevarlo lo mejor posible”. Sobre la reacción de sus padres cuenta que les está resultando más complicado, pero que van poquito a poco intentando sobreponerse a algo que, dice “no se acaba de superar nunca”.
Pero mientras pasa el tiempo y el dolor se atenúa, Estefanía luce sus mejores galas y se pone manos a la obra para presentar los premios Glamour, unos galardones que la revista homónima entrega a personajes destacados en diversas disciplinas en una gala a la que acuden numerosos rostros conocidos.
Entre los premiados de esta edición estaban los modelos Jon Kortajarena y David Gandy -actual imagen de Dolce & Gabanna-, la hermana menor de Ariadne Artiles, Aída, elegida el rostro revelación de la temporada por las lectoras de la revista. También estaba premiada Amaia Salamanca, que recibía el premio de manos de Xenia Tostado –su compañera en la exitosa serie ‘Sin tetas no hay paraiso’- como el rostro más bonito de 2008. Tal vez sea la felicidad lo que la haga deslumbrar, ya que la actriz está en un momento fantástico tanto a nivel profesional como a nivel sentimental con
Mónica Cruz también hizo acto de presencia para entregar el premio al rostro masculino internacional más bello, que recibió el guapísimo David Gandy. La actriz posó muy sonriente ante los medios, firmó autógrafos a los espontáneos que gritaban su nombre e incluso se sacó fotos con un grupo de niños que se agrupaban tras los cordones que daban acceso a la discoteca donde se celebraba el evento. Todo, excepto hablar de su hermana y de su novio Javier Bardem. Aunque eso sí, siguiendo el grato ejemplo de la maestra de ceremonias, nunca dejó de sonreír.
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