

@Paloma Barrientos - 14/06/2008

Ni reencuentro amoroso, ni segundas partes. Carmen Cervera y Manolo Segura mantienen la misma relación de siempre. Buscar rescoldos donde se supone hubo llama hace más de dos décadas tiene el mismo crédito que afirmar el interés de Borja por cualquier disciplina académica con algo de fuste. Es decir, nada de nada (Ver documentos de la relación de Tita y Segura extraídos de la revista Protagonistas- Doc1- Doc2).
Las imágenes aparecidas la semana pasada donde se veía a los B&B&B (baronesa, Borja y Blanca) surcando los mares con algún contraplano de Manolo Segura tienen una explicación mucho menos sugerente que la que pueda brindar la imaginación. Segura, junto a su mujer Paz y tres parejas más, entre las que se encontraban los duques de Aveyro, forman parte de un grupo de amigos de toda la vida de La Moraleja. Juegan a las cartas, salen a cenar, a fiestas…
El jueves pasado todos se trasladaron a Ibiza invitados por uno de ellos, arquitecto de profesión, que inauguraba la temporada de verano abriendo su casa de la isla. Durante esos días, las excursiones en barco, las cenas en los restaurantes de moda, los paseos y las tardes de compras han sido los lugares de esparcimiento. Como el circuito de la baronesa es el mismo que el de la pandi del matrimonio Segura, lo inusual habría sido no coincidir.
En todo momento, Paz, que se lleva muy bien con Carmen Cervera, estuvo junto a su marido. De hecho, el verano pasado, cuando las relaciones entre Borja y su madre eran más que tirantes, Manolo y Paz compartieron muchos almuerzos playeros con la titular Tita y el resto de colaterales que integran el círculo concéntrico de la baronesa. El publicista también formaba parte de las reuniones a cara de perro con Carmen, sus abogados y los de Borja para intentar parar la boda, origen de todos los conflictos. En aquellas largas tardes, Blanca se quedaba en Madrid, en el Hotel Puerta América, acompañada sólo de sus perros, los únicos que en aquellos difíciles momentos no la abandonaron.
Por tanto, la presencia de Segura como juez de pista viene de lejos. Y la invitación al megayate se sustentaría en “más de lo mismo”. Como anécdota, el paseíto por aguas de Formentera le salió a Carmen por un pico. Sólo llenar el depósito del ‘Mata Mua’ cuesta treinta mil euros. En cambio, hubo algo que sí llamó la atención. Mientras el nieto Sacha estuvo en el barco junto a sus papás, las mellizas se quedaron en San Feliu al cuidado de sus cuatro niñeras. De hacer caso a los rumores que circulan por la Costa Brava, la baronesa prefiere no mezclar a sus hijas con la nuera a la que aparentemente sigue ignorando. A Blanca, esa frialdad le trae al fresco y ha optado por mantener lo que parece su lema vital: “Dame pan y llámame tonta”.
Para la travesía marina, la baronesa se acompañó de sus cuatro perros. Los de Borja y Blanca se quedaron en casa igual que Carmen y Sabina. Una pregunta por ahora sin respuesta: ¿A quién va dirigido el apelativo ‘La Bruixa’ (en castellano la bruja)?