

Jacobo Corujeira 10/12/2008

El ADN es nuestro DNI biológico y en él se encuentran las claves para comprender nuestro desarrollo y también nuestra decadencia. Desde hace millones de años, todos los seres vivos funcionamos igual y el mismo mecanismo que acaba haciendo morir a una mosca es el que acaba con nosotros. Ahora un grupo de patólogos y otros científicos ha encontrado una explicación.
“Esta es la primera causa potencial y fundamental del envejecimiento que se ha encontrado”, explica el profesor de Patología de la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard David Sinclair en el último número de la revista científica Cell.
Una vez más, los ratones de laboratorio han servido para hacer avanzar el conocimiento humano de la ciencia. Philipp Oberdoerffer, del laboratorio médico de Sinclair, ha podido comprobar cómo el mismo mecanismo de la levadura actúa también en los mamíferos.
La sirtuina se encarga de que todo esté en orden ayudando a preservar la cromatina, que es la responsable de que los genes que deben estar inactivos permanezcan así. Sin embargo, la cosa se complica cuando la sirtuina tiene que actuar también como respuesta de emergencia. Esto ocurre cuando las células se ven atacadas por los radicales libres o los rayos ultravioleta: entonces ‘descuida’ a la cromatina, que puede comenzar a desenvolverse y dejar que los genes silentes se activen.
Con el paso del tiempo, el daño causado por los agentes externos aumenta y la sirtuina se ve obligada a hacer más trabajos de emergencia, lo que al final se convierte en una desregulación de facto. “Entonces nos preguntamos qué ocurriría si poníamos más sirtuina en el ratón”, explica Oberdoerffer, que sostenía la hipótesis de que a mayor cantidad de este componente “la reparación del ADN sería más eficiente y el ratón mantendría en la edad avanzada un patrón de expresión genética juvenil”, y eso exactamente es lo que ocurrió. Las aplicaciones terapéuticas de este descubrimiento pueden revolucionar nuestra vida... y todo el futuro.
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