Lunes, 13 de julio de 2009
Algo huele a podrido en Escocia para Donald Trump
@Vanitatis.com - 06/01/2009

Hace unos días George Sorial, ejecutivo de Trump Golf Scotland, tuvo que salir al paso de diversas informaciones que aseguraban que el proyecto escocés había sido paralizado debido a la crisis financiera. El responsable de desarrollo internacional de la empresa del magnate aseguró que las noticias al respecto son simplemente “inexactas”, antes de explicar que “el componente residencial no se desarrollará en varios años, pero eso no es nada nuevo: así lo contemplaba desde el principio nuestro acuerdo con el concejo de Aberdeenshire”.
Lo cierto es que el proyecto, con campos de golf, más de mil viviendas y apartamentos de vacaciones y un hotel de estilo gótico con 450 habitaciones, ha estado rodeado por la polémica desde el comienzo, cuando grupos ecologistas y vecinales alzaron su voz contra la construcción. Una vez recibido el visto bueno del gobierno escocés parecía que las nubes se despejaban, pero a la crisis le da igual el apellido de los promotores. Sin embargo, Sorial ve el vaso medio lleno: “Cualquier trabajo resulta ahora más barato que hace un año”.
Los problemas de Trump, de todos modos, cruzan el Atlántico hasta su EE.UU. natal. Las agencias de calificación han bajado el rating de Trump Entertainment Resorts Holding; un tercio de su torre en Chicago (competencia directa del Spire de Calatrava) sigue sin encontrar comprador y además los prestamistas le reclaman el pago de sumas millonarias por el desarrollo del edificio de Illinois.
Trump sigue apostando por el lujo a pesar de la recesión y cree que la fuerza de su reputación logrará que salga airoso de estas situaciones complicadas. “Los problemas con los acuerdos de las licencias no afectan a su ‘línea de flotación’, porque Trump no compromete su propio dinero”, explica la web Crain’s New York Bussiness, aunque en la torre de Chicago sí que se ha dejado su propio dinero.
Su nombre vale mucho (algunos pisos suben de valor un 20% sólo por tener su apellido) y aunque algunas empresas sean de todo menos rentables, el negocio sigue funcionando. Trump se califica a sí mismo en una de sus webs como ‘la mejor definición de la historia americana del éxito’. Queda por ver si termina como los ejecutivos de los años 20, cayendo de un rascacielos, o los de los 80, triunfando a toda costa.
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