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La violencia narcótica

<em>La violencia narcótica</em>

Jorge Javier Vázquez y los colaboradores de 'Sálvame'.

@Nacho Gay - 31/08/2010

¡Bienvenidos al circo! Quién dijo que esta frase era un reclamo vacío de sentido... Se trata en realidad de un código de acceso, de la clave para descodificar lo que vamos a ver una vez hayamos entrado en contacto visual con la pista. Y es curioso porque, gracias a ese lema promocional, cuando uno entra en la carpa, hasta las fauces babosas de un león de tres metros de largo y dos y medio de ancho le resultan divertidas. Al menos sugerentes.

Cuelga de la entrada de cada televisor un cartel con la frase de marras: ¡Bienvenidos al circo! Es un cartel metafórico. Es un acuerdo tácito. Hemos aceptado de manera general, por imposición no violenta, eso sí, que, una vez atravesada la carpa, cualquier espectáculo televisivo debe ser aceptado como lícito y desprovisto de su verdadera brutalidad, aunque le sea intrínseca por definición.
 
Si uno contemplara en un bar de carretera una discusión entre dos personas que contuviera la mitad de insultos que se pueden profesar dos invitados en Sálvame Deluxe -que, por otro lado, es lo más parecido que existe a un antro adornado con neones rojos-, huiría despavorido. Sin embargo, visto desde el otro lado de la pantalla, el incidente no sólo no nos asusta, sino que, además, nos resulta particularmente atractivo. ¿Por qué?
 
Los lectores influyentes de este periódico decidieron ayer, por voluntad propia, supongo, que una de las noticias más vistas en este diario fuera la que albergaba unas imágenes del enfrentamiento entre Pipi Estrada, Kiko Hernández y Kiko Matamoros en Sálvame Deluxe el pasado viernes. Algo inenarrable. Una vez leído el cartel y pagado el peaje a la puerta de la carpa telecinquera, uno pudo disfrutar el viernes, durante más de una hora, de un bochornoso combate dialéctico, en el que en todo momento se intuían las ganas de llegar a las manos por parte de los contendientes. La violencia soterrada, los improperios más altisonantes, los mayores desprecios y desplantes... convertidos en el mayor espectáculo del mundo. Y dos millones de ciudadanos ojipláticos en sus casas.
 
Es la violencia narcótica, que no narcoviolencia. Quizá también, porque narcos los hay en todas partes. De hecho, hubo en el Deluxe fuego cruzado en honor a la cocaína. Pero no. La violencia narcótica es ese tipo de violencia que produce sopor, relajación muscular y embotamiento de la sensibilidad. Violencia que ameniza, que crea adicción, que ofende y cautiva a partes iguales.

Ya lo decía mi amigo Alex, todo un personaje –de cine, concretamente-, hace casi cuarenta años: “La bonita ultraviolencia que nos mata de risa”. Todo un visionario, el señor Kubrick. Saquen los trajes blancos y las porras negras. Pongan a Beethoven. ¡Bienvenidos a la Televisión Mecánica! ¡Bienvenidos al circo!

Vea un fragmento de la pelea entre Pipi, Matamoros y Cía. en Sálvame Deluxe >>

 

 

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ACERCA DE

Nacho Gay. Siempre fui un niño de naturaleza bastante vaga: a los doce años todavía estaba en el paro. Así que mi madre me sentaba ante el televisor las horas muertas, para realizar tranquila sus labores (hacerse la manicura, la pedicura...), mientras la asistenta limpiaba la casa. La televisión fue mi escuela. Mi condición obligada de analfabeto funcional me convertiría, en el futuro, en carne de cañón para el periodismo. Estudiar aquella carrera fue mi primer intento de suicido. Hubo más: me licencié después en comunicación audiovisual –permítanme escribirlo con minúscula-. Más tarde, entré en El Confidencial. En fin, un descenso progresivo a los infiernos. Y desde aquel paraje les hablo de cine y de tele. Con la aflicción y antipatía -vocacional- que le reporta a uno estar permanentemente a una temperatura de casi 500 grados centígrados.

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