Ha sido reelegido hace apenas unos días como presidente de FAPAE (Federación de Asociaciones de Productores Audiovisuales Españoles). A Pedro Pérez sin duda le va la marcha. Será durante los próximos años el interlocutor del gremio del cine con el nuevo Gobierno y, sobre todo, con el nuevo ministro de Educación, Cultura y Deporte designado por Rajoy, José Ignacio Wert, al que su antecesora en el cargo le deja una “patata caliente”: la archiconocida y polémica Ley Sinde.
¿Sinde o Wert?
Hasta ahora Sinde y a partir de ahora Wert.
Dejando de lado lo políticamente correcto, ¿confía en el nuevo ministro?
Es una persona preparada, sin duda. Tiene un expediente académico extraordinario y conoce bien los medios. Para la Cultura, desde luego, es un buen interlocutor y creo que llevará a cabo los cambios que tiene que hacer en materia de cine.
¿Cree que Wert va a conseguir lo que no ha logrado Sinde, una ministra del cine y para el cine?
No creo que en el Ministerio de Sanidad tenga que estar necesariamente un médico ni en el de Justicia un juez. Tiene que estar un buen gestor. Wert lo es.
¿Qué espera de él?
Que cuando hable en el Consejo de Ministros el resto calle, que tenga la misma consideración en el consejo que cualquier otro, que tenga peso político. Me da igual que tenga agrupadas dos o tres carteras.
Pero él ya ha dicho que su prioridad será la Educación…
Me preocupa poco. Desde luego se va a hablar más de él por lo que haga en el mundo de la Cultura que en Educación. Se lo dejo como recadito.
¿Se atreverá con la Ley Sinde?
Wert se ha mostrado partidario. Hay un precedente interesante: la ley de inversión de un 5% de las privadas en cine se aprobó en el parlamento con gobierno de un signo, pero fue el gobierno del otro signo quien elaboró el decreto final, y lo hizo prácticamente sin tocar una coma. Con esto les doy una pista a los que acaban de entrar.
¿Por qué ha pasado el PSOE esta ‘patata caliente’ al PP?
Por una venganza del anterior ministro de Industria, Miguel Sebastián, contra la ministra de Cultura. Siempre hubo una lucha entre estos dos ministerios. También una malformación. Y porque el PSOE se ha movido mucho más en clave de partido político que como un Gobierno.
Esto condenó la carrera de Sinde al fracaso.
Eso lo dirá el tiempo. Yo personalmente estoy muy agradecido al trabajo de Sinde. Había muchas ganas de denostarla. Se ha sido muy injusto con ella. Pero esta no era su ley, ya que estaba aprobada por el Congreso, con los votos de PSOE, PP Y CIU. El anterior Gobierno ha actuado de forma chapucera. Estaba obligado a aplicar las leyes aprobadas en el parlamento. No han cumplido su primer mandato constitucional: hacer cumplir la ley. Deberían pensar lo que han hecho. Hay que reconocer que Sinde ha tenido poca habilidad para convencer a unos señores que se sientan en un Consejo de Ministros, pero ha sido una buena intencionada ministra.
No para los internautas.
Alguien ha sido muy listo enfrentando a los creadores y productores con los usuarios de Internet. Nunca Internet ha sido gratis. Lo pagamos todos los meses. Se han ido de rositas las operadoras de telecomunicaciones, que nos hacen pagar una cuota muy superior a la de cualquier país europeo proponiendo el disfrute de unos contenidos que no son suyos. No son los productores los que cobran Internet. Está cobrando quien no debe cobrar y no está cobrando quien debería. Es un debate desenfocado.
¿De verdad cree que la Ley Sinde podría regular un mercado tan complejo como el de Internet?
Tendría una función coactiva. Muchos internautas la combaten diciendo que no vale para nada. ¿Entonces para que lo combaten? Que la dejen estar. Sería una señal de tráfico, que remarque que no todo vale. Y ahí estaría su valor por encima de la eficacia de la norma.
Otro duro hueso que roer es el de UTECA (Unión de Televisiones Comerciales Asociadas).
UTECA existe en la media en que tienen un enemigo en común, el cine, si no ya se habrían matado. No podemos liberar a las televisiones privadas de participar en la producción de cine nuevo. Son concesiones públicas y gratuitas. Se ha creado un panorama asfixiante tras las fusiones. Los dos primeros grupos del sector, después de haberse repartido 1180 licencias de televisión en España, acaparan casi el 90%. Y les parece poco. No hace falta entrar en la composición accionarial de los mismos, porque habría mucho que decir. El dinero no es de las televisiones. Está en el mercado. Lo ponen los anunciantes. Ellos son meros intermediarios de una concesión pública. No entiendo porque sacan los tanques cuando se les pide un poco de dinero. Pedirle a quien se beneficia del cine hacer obra nueva no es pecado.
También le piden dinero al Estado. Tienen ustedes fama de pedigüeños.
Sí, pero las ayudas al cine francés con respecto al español son siete veces superiores. Lo que realmente se reparte al año en España en subvenciones a la amortización son entre 40 y 50 millones de euros. Aquí nadie dice que las primas que se han dado a las renovables y a la energía eólica están por encima de los 6.000 millones, es decir, 120 veces más que al cine. Y da la sensación de que nosotros cargamos con todas las subvenciones que se dan en nuestro país. Quizá sea más estético dejar de ingresar dinero en el fisco que cogerlo del Tesoro: en Alemania las desgravaciones a Hacienda por una película están en el 40% y aquí en el 18%. Eso también se podría hablar.
Si al cine le dan una palanca fiscal suficientemente atractiva, ¿eso no provocará una petición similar de otros sectores?
En efecto, es peligroso. Pero el nuevo Gobierno se muestra ambicioso. José María Lasalle, nuevo secretario de Estado de Cultura, dijo en su momento que un objetivo sería que las industrias culturales representasen entre un 10 y un 12% del PIB. Menos subvenciones y más mecenazgo, dicen. Ya que son tan ambiciosos, que me digan cómo. Pero no desmontemos lo que existe. Podríamos entrar en un paréntesis terrible en la historia de la cinematografía.
¿Y qué existe?
Si ponemos en una bolsa el dinero público de las subvenciones y el derivado de la desgravación, el 5% que deben invertir las televisiones y el mercado (interno y en coproducción), con ese dinero es posible hacer un buen cine que consiga el doble de la cuota que está cosechando ahora, que es nuestro objetivo final.
Es un objetivo loable, pero los españoles no van a ver cine español.
Tras los pronunciamientos políticos en la Guerra de Irak de muchos cineastas, algunos comunicadores atacaron al gremio desde el punto de vista profesional, en lugar de rebatir sus argumentos políticos. UTECA y sus medios también han intentado denostarnos. El clima general que se ha creado en los medios no ha sido positivo. No voy a entrar a valorar la calidad del cine español, porque no es mi cometido, pero sí diré que no nos tomamos en serio la promoción de las películas. No basta con contar buenas historias. Nuestro cine está además en manos de nuestro peor enemigo, dicho cariñosamente. El cine americano tiene el 70% del mercado español, pero sus majors distribuyen un porcentaje aún mayor de las películas estrenadas aquí. Si nos fuese mejor, estaríamos en sus manos. Ellos no van a poner en riesgo las películas que traen de su casa.
No hay dinero, pero se hacen cada vez más películas. Parece que los productores no pierden demasiado.
Esa es una leyenda urbana. Nadie tiene una varita mágica para hacer cine. Si hubiera seguridad en que la películas ganan dinero, las películas no las harían los productores sino los bancos, y no veo a los bancos muy interesados en hacer cine.
Pero lo cierto es que un productor español que se lanza a la aventura de hacer una película sabe que, como mínimo, tiene asegurado un retorno del 70% de la inversión. Ese es un buen colchón, ¿no cree?
Ese porcentaje es variable. Pero sí, suele ser habitual que las películas en España salgan con un descubierto del 30%. Algunas salen con los costes completamente cubiertos. Gracias a los derechos de antena, adelantos de distribución, coproducciones… Pero cuidado, el dinero público invertido en cine representa solo el 18% de lo que se invierte en cine en España. La calle piensa que se coge una subvención y se hace una película. Además, parece que un productor es bueno cuando arriesga antes de comenzar la película y si no es un jeta, cuando en EEUU el productor laureado es aquel que sobre proyecto consigue financiar la totalidad de la película. A ése allí le ponemos una medalla y aquí le llamamos ladrón.
En resumen, ¿qué le pide el cine al PP?
Que cambiemos el modelo conjuntamente. Nosotros desde luego les vamos a poner uno encima de la mesa.
¿Puede anticiparnos parte de esa propuesta?
Yo voy a pedir que nos traten como tratan los gobiernos a las cinematografías de otros países de nuestro entorno. Pondré en manos de los nuevos responsables un programa, para que comprueben cómo se trata al cine en Italia, en Alemania, Francia. Y a partir de ahí hablamos. Yo voy a demostrar con datos que me acojo al modelo que quieran de los que les voy a mostrar.