

Para los amantes del cine solidario
Lo mejor: El mensaje que lanza de que hay mucho mundo por descubrir
Lo peor: El doblaje
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Por Juan M. Fdez
En estos tiempos de crisis en los que muchos jóvenes se quejan de no sentirse realizados como personas debido a la falta de empleo, lo que lleva a algunos de ellos a plantearse abandonar el país para labrarse un porvenir, películas como Katmandú terminan por convertirse en una excelente ayuda para descubrir que hay mucho mundo más allá de nuestras fronteras y en donde un pequeño esfuerzo puede terminar por cambiar tu vida y la de otros.
Es la única aportación que hace la nueva cinta de Iciar Bollaín. Ni es la película del año ni desde luego pasará a la historia del cine español. Tampoco es una película para entretenerse ni que vaya a servir de crítica contra la corrupción en países como Nepal, a pesar de que la realizadora no se muestra neutral a la hora de retratar la realidad de aquel país. El mensaje es otro: Cambiar.
No obstante, el espectador agradecerá la idea de buscar otras vías en nuestra filmografía, a menudo saturada de historias de la Guerra Civil o comedias alocadas. También podrá disfrutar de una historia bien narrada, con un interesante tono documental, sin sobresaltos y con un mensaje muy claro.
Asimismo, la directora consigue hacernos disfrutar de la belleza del Nepal gracias a su excelente realización y sobre todo de una Verónica Echegui que demuestra que tiene aún mucho talento por ofrecer. También es de admirar la labor de los intérpretes no profesionales.
Lo único discutible de la cinta es su doblaje, el cual roza lo inverosímil y unos flashbacks con poco sentido y que aportan muy poco a la historia. En definitiva, Katmandú es una cinta para sentir y pensar. ¿Está nuestra felicidad en Occidente?