Nació en Cadiz, aunque de español tenía bien poco. Este Cadiz (sin tilde) no está en Andalucía, sino en Ohio, y esta semana ha tenido el recuerdo de su mayor embajador muy presente, Clark Gable, el rey de Hollywood, de cuya muerte se acaba de cumplir medio siglo.
El eterno galán, pese a su dislexia, logró hacerse un importante hueco en el séptimo arte. La suya no fue una vida rebelde, tal vez sí dura, pues sufrió la pérdida de su madre cuando prácticamente acababa de aterrizar en este mundo. Siendo sólo un adolescente, tuvo que dejar el colegio y ponerse a trabajar en una fábrica de neumáticos.
Para entonces, la
interpretación ya había llamado a su puerta y no se hizo esperar. Y eligió bien. Unas cuantas representaciones escénicas en Broadway y algún que otro papel en la gran pantalla después, el talento de Gable le llevaría a ocupar un lugar privilegiado en el Olimpo del cine con largometrajes como
Sucedió una noche, por la que consiguió el Oscar,
dando en las narices a los magnates de Hollywood que, en sus comienzos, le habían
vilipendiado por sus “escasas dotes interpretativas”,Nunca le gustó ‘Lo que el viento se llevó’
El de las orejas de murciélago, tal y como le definió Irving Thalberg, dirigente de la Metro, nunca se sintió orgulloso de la película más recordada y célebre de su filmografía
, Lo que el viento se llevó. Además de considerarlo un largometraje “para mujeres”,
tuvo que soportar los desplantes de su compañera Vivien Leigh, después de que el actor impusiera a su director favorito, Victor Flemingm, en sustitución de George Cukor, quien, en opinión del Rey de Hollywood, prestaba demasiada atención a las actrices. Existía además el rumor de que este director era conocedor del pasado de Gable en la prostitución masculina.
Para castigarle, Leigh se frotaba los dientes con ajo en cada una de las escenas de amor. Fruto de todo aquello, y también de la decepción cuando vio que era el único miembro del equipo que no se iba a casa con un Oscar, nació su recelo hacia el film.
Luego vendrían películas como Mogambo, con Ava Garner y Grace Kelly, Los implacables, o La esclava libre, entre otras muchas.
Se casó cinco veces -por algo era todo un galán-, aunque el amor de su vida siempre fue su tercera esposa: Carola Lombard, a la que conoció en el rodaje de No man of her own (1932). Poco duró su felicidad, pues la actriz falleció de forma prematura en 1942 en un accidente de avión. No volvió a ser el mismo: se alistó y luchó en la Segunda Guerra Mundial, aunque en el ejército preferían realizar publicidad con él.
Fue tras su baja –firmada por un oficial llamado Ronald Reagan-, cuando
Gable rodaría el que es considerado su mejor papel:
Vidas rebeldes, un film escrito por Arthur Miller, el marido de Marilyn Monroe, sobre unas atormentadas existencias. En él se desprendió de la superficialidad y logró una actuación impecable, exponiéndose sin tapujos, y todo ello pese a presión que le supuso
su conflictiva relación con la ambición rubia,
a la que los fans han culpado siempre de la muerte del actor, pues “lo llevó al borde del infarto cardíaco” con sus caprichos y retrasos. Quizá habría que tener en cuenta que las tres cajetillas de cigarrillos que se fumó diariamente durante años y el whisky pasan factura.
Con todo, el Rey de Hollywood no pudo ver ni el estreno de su última película ni tampoco conoció a su único hijo, John Clark Gable, fruto de su relación con su quinta mujer, Kay Spreckles. El actor ni siquiera llegó a cumplir los 60 años.
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