@Laura S. Lara - 05/02/2010

De manera sutil, sin que apenas lo apreciemos y mientras lo aceptamos de la forma más natural, cada vez más hoteles, tiendas, espacios sociales e incluso hogares, incorporan en el diseño de sus espacios una nueva tendencia en decoración que, lejos de basarse meramente en la estética, guarda en realidad un sentido mucho más profundo. Hablamos de la deco-emocional, una filosofía decorativa cuyos principios pueden recordarnos a la base del Feng Shui, aunque lo máximo que comparte con esta técnica ancestral originaria de China es el objetivo de crear espacios armoniosos.
La deco-emocional consiste en la vuelta a lo primitivo, a lo humano, recreando ambientes acogedores, casi maternales, pero en definitiva menos artificial. Espacios amigables, protectores, cálidos… Lugares en los que sentirnos seguros, a gusto y contentos. Para conseguir este efecto, las formas curvas que nos remiten al cuerpo, los materiales sólidos con peso propio y los materiales con cuerpo y caída, resultan fundamentales.
¿Pero de dónde viene este concepto? Pues bien, fiel a su filosofía, la deco-emocional surge como contraposición a los complicados tiempos que estamos viviendo: epidemias, contaminación, inseguridad, violencia, intranquilidad, estrés, miedo… Una situación triste pero real, que afianza nuestra obsesión por blindarnos de todos esos enemigos externos, por encerrarnos en nuestra propiedad y salvaguardarnos con rejas, blindajes o cámaras de seguridad. La diseñadora inglesa Ilse Crawford desarrolló las primeras ideas que más tarde darían forma a esta iniciativa decorativa, aunque las responsables de darle el nombre de deco-emocional y de ampliarlo fueron Cecilia Nigro y Mariana Rapoport, directoras de la consultoría de diseño The Wow Factor, una original iniciativa que, en palabras de Nigro, "trabaja a medida en pequeños y medianos proyectos, entre los que se encuentran restaurantes y boutiques de moda, pero también clientes individuales como diseñadores, arquitectos, chefs, actores o cineastas, revisando la operación de manera exclusiva y ayudando a que los negocios tengan más éxito".
Los recursos que emplea esta tendencia pueden ser muy variados, pero la clave está en el mobiliario y en los accesorios, que se alejan de lo etéreo y de los objetos delicados para abrir paso a las formas familiares que aporten confort. The Wow Factor nos ofrece algunas propuestas para recrear este ambiente de tranquilidad y confort en nuestra propia casa, y además dotar con una pizca de glamour a nuestras estancias favoritas.
En primer lugar, se trata de dosificar el estilo vintage, mezclando lo viejo con lo contemporáneo en su justa medida (no queremos que nuestro salón parezca el “museo de la abuela”); elegir muebles con curvas, que contrarrestan esa sensación de vulnerabilidad; emplear pieles, cueros o alfombras de lana para el suelo o los sillones (ideal para cubrir una butaca minimalista), para conseguir mayor sensación de calor; y, por último, animarse a tapizar sillas y taburetes con telas con fuerte personalidad como el tweed, el terciopelo, la franela o los motivos escoceses. Todo es atreverse. Si nuestro ánimo mejora, habrá merecido la pena.