

@Vanitatis - 11/03/2011

"La comodidad y la sencillez ante todo". Eso debió pensar la cantante Rosana cuando se dispuso a elegir el modelito con el que acudiría al Salón de Audiencias del Palacio de la Zarzuela, donde sería recibida por la infanta Elena junto a otros representantes de la campaña solidaria Un juguete, una ilusión.
Pero una cosa es prescindir de las incómodas medias, de los vestidos y de los taconazos de vértigo que pueden jugar malas pasadas, y otra bien distinta saltarse el protocolo o, cuanto menos, el dress code o código de vestimenta. Éste, igual que no ve bien que uno acuda en deportivas o calcetines blancos a una discoteca determinada, tampoco permite que se opte por las conocidas Converse para ir a una recepción en el Palacio de la Zarzuela.
Y es que cuesta pensar que fuera un despiste de aquellos que azotaban a Carmen Sevilla cuando salía a presentar el Telecupón con las zapatillas de andar por casa. De forma intencionada, Rosana recurrió a las, cómodas eso sí, zapatillas -en un color chillón, además- que combinó con un traje negro de chaqueta. Olé por ella. Aunque alguien debería aconsejarle que cambiara de estilista después del daño que provocó tal conjunto a la vista o, sencillamente -y nunca mejor dicho- que se colocara unos zapatos planos normales y corrientes en color negro.
Tanta familiaridad embargaba a la cantante de A fuego lento y tantas confianzas se tomó que, ignorando los formalismos que requieren los saludos a los miembros de la Familia Real, cogió con las dos manos la de la infanta en un gesto que recuerda a los que, cariñosamente, hace el Rey cuando se encuentra frente a frente con alguien al que le profesa enorme cariño.
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1 .- Eso se llama mala educación.
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