Bustamante, buen conocedor del mercado musical, se ha cansado de ir de sensible. Quiere evolucionar y así se lo ha hecho saber a sus fans a través de la revista que le dedica un extenso reportaje con este motivo; Shangay. (Ver álbum)
“Me gustaría mostrar una imagen más dura”, confiesa. El cántabro considera que así es parte de su esencia y que su público debe saberlo. Para que sus seguidores vayan viendo el cambio que se avecina, David ha aceptado posar sin la americana y la camisa blanca abierta hasta el tercer botón a las que nos tiene acostumbrados.
“La imagen que doy en este reportaje va muy bien con el trabajo que estoy preparando”, adelanta. “Será un disco más canalla y duro. Son ya nueve años de carrera y, lógicamente, hay que evolucionar. Ni volvería a hacer cosas que grabé en el pasado ni en mis comienzos me habría planteado un sonido como el que estoy desarrollando ahora”. Así que quien piense que Bustamante está enganchado a los ritmos latinos de por vida se equivoca. “Ese rollo para mí se ha quedado obsoleto”, afirma sin dudar.
“Cuando curraba en la construcción”, explica el cantante, “nadie me veía ñoño. Esa imagen surgió a raíz del programa en el que empezó mi carrera, en el que lloré mucho y donde se vio que soy una persona muy cariñosa”.
Tras su paso por la primera edición de Operación Triunfo comenzó a vender miles de copias de sus discos pero, como a muchos otros miembros de la hornada televisiva, la gran crítica le dejó de lado; algo que le pica, no lo va a negar. “A pesar de haber ganado premios importantísimos en Latinoamérica, casi nadie se hace eco de eso aquí, y duele. Imagino que es cuestión de tiempo, y lo acepto”.
Consciente de que puede explorar -y explotar- nuevos caminos y de las experiencias que le han hecho evolucionar, David Bustamante mira hacia adelante. “Al principio me dejaba llevar por toda la gente que tenía alrededor. Recuerda que era un chaval de 19 años, que venía de un pueblo y que, como mucho, entendía de camisetas ajustaditas y vaqueros rotos”.
“Mi mujer es una fashion victim”
Cuando ve sus primeros vídeos se ríe, pero no se avergüenza. Disfruta recordando lo inocente que era... y lo poco que se preocupaba por su
look. “Me ponía lo primero que pillaba, y todo era más fácil. Ahora me estreso. Puedo pasarme un buen rato delante del armario pensando qué ponerme, y eso es una putada”. Es lo que tiene querer refinarse... y dejarse aconsejar por quien sabe. “Es que tengo a mi lado a una
fashion victim como
Paula. Ella me hizo ver qué era lo que realmente me sentaba bien. Porque yo nunca habría pensado, por ejemplo, que camisas de determinados cortes o estampados pudiesen ir conmigo”.
El nuevo David, que no renuncia a seguir marcando músculo -para algo hace pesas a diario-, apuesta por una imagen más clásica, tirando de trajes habitualmente. Además, confiesa que ha perdido diez kilos y que su físico está cambiando: “Pasé una temporada muy pasivo, en la que no me apetecía hacer nada, y como me gusta tanto comer, pues claro, me puse como me puse... Pero eso no volverá a pasar”.
Para deshacerse de la imagen de latin lover que muchos le achacan, ha accedido a posar mezclando el estilismo homeless con el de un músico callejero, looks que poco tienen que ver con su realidad porque él, que cantaba a todas horas subido al andamio no se imagina cantando en la calle: “Probablemente hubiese seguido dedicándome a la construcción, y cuando me emborrachara con los colegas habría sacado mi arte y poco más”. Su buena fortuna le ha llevado a escoger otro camino y, aunque hasta le llaman para posados como éste de Shangay, a él le sigue dando corte posar ante las cámaras. “A mí ponme mejor un micro delante”.