Después del verano tan extraño que ha protagonizado la ‘Primera Familia’ sin fotos oficiales de grupo, sin niños reales como apoyo mediático, con las infantas Elena y Cristina a la fuga y los príncipes de Asturias ejerciendo de magos houdinis, el publirreportaje ofrecido por los duques de Palma en Washington es de agradecer.
Este verano en Mallorca, el único que ha dado el callo ha sido el Rey, que no ha huido de la isla, como han hecho el resto de sus descendientes. El heredero Felipe cumplió con su obligación vacacional y participó en las regatas, y su mujer se dejó caer con las niñas un par de veces por el náutico dinamizando la actividad social tan necesaria este verano en Mallorca y en el resto de España.
Tampoco fue para tirar cohetes, pero al menos tuvieron la deferencia de posar en un par de ocasiones para la prensa acreditada. No hay que olvidar que el veraneo del Rey y sus hijos en la isla supone una inversión importante en publicidad gratuita.
Los medios internacionales también se hacían eco del desplazamiento veraniego de los Borbones con el consiguiente beneficio para la isla. Mallorca no sólo era un punto en el mapa geográfico, sino también en el de las grandes fortunas, que para estar a la vera de la majestad invertían en casoplones y barcos.
Pero en menos de dos años las imágenes habituales de la familia disfrutando de las bondades de la isla han desaparecido. Las Infantas Elena y Cristina ejercen de hijas de notario, entendiendo esta definición como la ausencia de presencia pública en su calidad de hijas reales. Este verano han posado lo justo. Y más Cristina que Elena.
Los príncipes, dado que no hubo foto familiar, desaparecieron como hicieron también el año anterior cuando la princesa de Asturias se sometió a su operación de cirugía estética. Esta vez tampoco se sabe el destino elegido por el heredero y su familia, que en este sentido se comportan como si fueran estrellas del show business, en vez de futuros reyes de España. No se comprende qué necesidad tienen de cambiar de aires con el consiguiente aumento de gasto en seguridad, vivienda, nanis, etc… cuando en Mallorca tienen todo lo que cualquier ciudadano puede desear. Y, por supuesto, la tranquilidad y la privacidad la tienen asegurada. Ellos y sus niñas.
Por eso, y retomando el autobombo del posado de los duques de Palma, es de agradecer la facilidad que dieron a los medios que se desplazaron hasta Washington. No hubo problemas con los guardaespaldas, ni con los protagonistas que recorrieron los lugares más representativos de la mano. También se resolvió positivamente la presencia de reporteros en los alrededores de la casa mientras se realizaba la mudanza. Una forma inteligente de transmitir a la ciudadanía cómo y dónde va a vivir la infanta de España y su familia.
Pero después de este ‘posado’, la accesibilidad informativa va a ser nula. Los paparazzis lo van a tener crudo. Al mínimo indicio de lo que las leyes norteamericanas consideran acoso, cualquier reportero puede acabar en una comisaría. Y, por supuesto, dejaremos de ver imágenes de los niños Urdangarín.
Sorprendía que en el paseo de Iñaki y Cristina por las calles de Washington no estuvieran acompañados de Juan, Pablo, Miguel e Irene. Según el departamento de comunicación de Zarzuela, la infanta Cristina ha solicitado a los directores de los medios que no publiquen fotos de sus hijos mientras permanezcan en Estados Unidos. La razón tiene que ver con la seguridad de los pequeños y evitar que cualquier pirado de los que abundan en USA haga pasar un mal rato a los escoltas de los nietos reales. Con este panorama de ausencias, esperemos que la princesa de Asturias -que es la que manda en casa- organice de vez en cuando un reportaje familiar como hacen sus colegas de Noruega, Dinamarca, Luxemburgo y Bélgica con las niñas haciendo galletitas, pintando o lo que se tercie para que el envoltorio de lazos y espumillón no falte en las monarquías.