Una despedida íntima para Eduardo Sánchez Junco

@Paloma Barrientos - 15/07/2010

Una despedida íntima para Eduardo Sánchez Junco
 Eduardo Sánchez Junco

A la una de la tarde de ayer se celebraba en el domicilio familiar de la calle Miguel Ángel una misa en memoria de Eduardo Sánchez Junco, dueño y director de la revista ¡Hola!, que fallecía ese mismo día a las seis de la mañana. Como todo lo que ha rodeado su vida, la discreción ha sido la nota dominante en su sepelio.

 

El día anterior, por la tarde, unos pisos más abajo de la redacción, se recibía el ejemplar de la revista cuya salida ha coincidido con su fallecimiento. Si durante el último año la evolución de la enfermedad era un tema conocido exclusivamente por el entorno más íntimo, porque así lo quería, el velatorio también fue estrictamente privado. Un sacerdote amigo ofició la liturgia en uno de los salones de la vivienda de Mercedes Junco Calderón, la matriarca de la saga periodística. 

 

Su mujer, Mamen Pérez Villota, los tres hijos –Mamen, Cheleles y Eduardo-, sobrinos y amigos íntimos, como Ana Botella, Ana Aznar, Adolfo Suárez Illana, Naty Abascal o María García de la Rasilla rezaron por su eterno descanso. Uno de los detalles más emotivos se vivió cuando su esposa y el coro al que pertenece cantaron los temas religiosos. Por deseo expreso de la familia, el entierro también será en la intimidad en el cementerio de Palencia, la ciudad donde nació hace sesenta y siete años.

 

Antes se oficiará una misa en la capilla del Retortillo, la finca familiar donde siempre se han celebrado las fiestas y ceremonias familiares más importantes, como fueron las bodas de sus hijos y los bautizos de los nietos. Y, a diferencia de los personajes que aparecían en su revista, estos actos nunca tuvieron repercusión mediática y menos gráfica.

 

Hay una anécdota relativa a estas reuniones sociales de carácter familiar. Para Sánchez Junco preservar cualquier exclusiva de su revista era fundamental, y así lo sabían los protagonistas, muchos de los cuales contrataban seguridad privada para que los paparazzi no pudieran hacer su trabajo. En la boda de uno de sus hijos, donde los asistentes eran de primer orden, Eduardo Sánchez Junco invitó también a vendedores de agencias, fotógrafos y periodistas de base a los que conocía de toda la vida. La única condición que puso fue que no habría imágenes y por lo tanto lo que vieran formaría parte de su memoria, pero nunca de la colectiva, a través de sus respectivos medios.

 

No hubo ningún paparazzi, ni tampoco se filtraron fotos. Hasta hace muy poco, y a pesar de su fragilidad física, el director y supervisor final seguía siendo él. Aunque ya el peso del día a día recayera en su hijo Eduardo y, por supuesto, con el último vistazo de doña Mercedes, la matriarca del clan, que ha sido y es el recordatorio constante de la esencia con la que Eduardo Sánchez fundo la revista hace sesenta y seis años en un pisito de Barcelona. “La espuma de la vida, lo que no tiene densidad ni peso”, así definía ¡Hola!, la cabecera de noticias de sociedad, que hasta ayer ha sido su fuente de vida profesional.

 

Eduardo Sánchez Junco siempre supo que no tenía más remedido que seguir la estela familiar, porque era hijo único. Si sus conocimientos como ingeniero agrónomo los orientó al servicio de sus fincas convirtiéndolas en ejemplo ecológico de explotaciones agrícolas, también cumplió con el apartado sentimental. Decidió estudiar Ciencias de la Información  siendo ya padre de familia y responsable directo del semanario. No tenía necesidad de hacerlo, pero lo hizo porque “los conocimientos nunca sobran”, dijo en una ocasión al preguntarle las razones de esta licenciatura.

 

Eduardo Sánchez Junco tenía ese punto de genialidad profesional que heredó de su padre y que ha hecho que ¡Hola! siga marcando “la espuma de la vida”.  El martes que viene se celebrara una misa de difuntos en la iglesia de los Jesuitas de Madrid. La afluencia será multitudinaria porque era un hombre querido, generoso, respetado y admirado a pesar de su fuerte carácter. Quizá si no lo hubiera tenido ¡Hola! no sería lo que es ahora. Mi respeto y admiración hacia este hombre que convirtió una cabecera nacional en un producto mundial, en el que hasta los presidentes de gobierno -como Sarkozy- cumplían con su sueño: salir en ¡Hola!

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