P. Barrientos - 26/10/2010
La infanta Elena (Gtres)
Mientras sus hermanos son menos dados a compartir calle y vida cotidiana con el pueblo soberano, la infanta Elena es todo lo contrario. En esto también se parece al Rey que, cuando era más joven, se escapaba en su moto y lo mismo paraba en un bar de la zona de El Pardo a tomarse unas tapitas, que se perdía por la carretera de La Coruña y ayudaba a un súbdito como si fuera un responsable de asistencia en carretera.
En la etapa Marichalar, se dejaba ver menos por el barrio de Salamanca, donde vivía. No solía frecuentar los comercios y, según parece, la compra se la llevaban a casa. El paseante accidental era siempre su marido, que se recorría las tiendas de la Milla de Oro mañana, mediodía y tarde. Uno de los pocos lugares de encuentro de toda la familia era la misa del domingo en la iglesia de los Carmelitas de Ayala.
Las clientas que han coincidido más de una vez con ella aseguran que siempre se lleva una remesa importante de productos cosméticos, de baño y para la casa de la marca blanca de esta cadena de supermercados valenciana. Si no fuera porque es más alta que la media de las mujeres españolas, la infanta pasaría totalmente desapercibida. A los escoltas ni se les ve, ni se les nota.
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