Tras la sentencia de medidas provisionales que marcaba la primera parte del contencioso que mantienen Lydia Bosch y su ex marido, Alberto Martín, cabe esperar otro encuentro judicial antes de que finalice el mes.
Este podría materializarse la última semana de julio dado que habría interés en
liquidar el espinoso asunto lo antes posible dado lo delicado de la denuncia. En este caso, al estar una menor involucrada, las diligencias suelen ser más rápidas. Por tanto, además del divorcio, queda pendiente la denuncia que por abusos sexuales interpuso la actriz contra el que fuera su marido, y que hizo que la separación matrimonial se convirtiera en una historia truculenta de gran alcance mediático.
Acusaciones, filtraciones e incluso -y según figura en el auto de medidas provisionales- amenazas directas si no se firmaba un convenido regulador favorecedor para una de las partes; unas situaciones complicadas que tuvieron su segunda parte hace unas semanas cuando Alberto Martín fue a recoger sus cosas acompañado de un notario.
La intención era que dejara constancia del ajuar que había en la vivienda familiar: unos enseres muy valiosos entre los que se cuentan alfombras, lámparas y antigüedades. Habitualmente este tipo de testimonios se acompañan de las consabidas fotografías de los objetos en litigio. En esta ocasión, como Lydia se negó a que el notario captara imágenes, tuvo que hacer un inventario descriptivo. Parece que la actriz alegó que podían filtrarse las imágenes y de ahí su negativa.
Aparte de este desencuentro doméstico, la vida de ambos continúa por unos derroteros más o menos estables. Este mes de julio
Alberto Martín se ha hecho cargo de los mellizos. Por la mañana acuden al club social de la Finca, donde participan en el campamento Reebok que no es otra cosa que actividades lúdicas -piscina, manualidades, tenis…- para que los niños se entretengan. A mediodía el padre los recoge y dedica el resto de la jornada a sus hijos.
La semana que viene se marcharán a Ibiza, donde los abuelos tienen la casa de verano. Permanecerán en la isla hasta agosto, cuando volverán junto a la madre. Lydia, al no tener a los pequeños, tiene más tiempo para dedicárselo a su hija mayor, además de seguir con sus actividades habituales: acudir al gimnasio, ir de compras y estudiar nuevas ofertas de trabajo, porque la vida continúa.