@Vanitatis.com - 30/08/2010

Ubicar a Carmen Lomana tomando una caña de cerveza y berberechos en Pan Bendito, un barrio de Madrid en las antípodas del de Salamanca, junto a El Langui o en una taberna turca comiendo kebab, con la misma finura que masca chicle, resultaba prácticamente imposible cuando irrumpió de lleno en la crónica social como una señora pija de maneras y moral estricta.
Pero ahora, la fama ya es un aspecto más de su ajetreada vida y, por motivos relacionados con el guión de su súper programa de modales y estilo, no le ha quedado más remedio a la enemiga de Naty Abascal que aprender nuevo léxico y abrir horizontes gastronómicos, guiada por sus alumnos, que también le enseñan que la vida de barrio pude llegar a ser tan interesante como la Milla de Oro.
Posiblemente el cheli le sonase a baile regional antes de su estrellato mediático, pero Lomana, que siempre ha demostrado ser una mujer culta e inteligente, a este paso va a terminar hablando en esta jerga con sus amigas de la high society. Ha comenzado poco a poco -como sus pupilos aprendiendo sus modales- pero la intención es lo que importa, y de eso Lomana tiene para dar y tomar. Una vez aprendido el término ‘perrear’, que nada tiene que ver con holgazanear, sino, según sus alumnas más aventajadas, dejarse querer, a la socialité no hay quien la pare.
Pero, si ella parece encantada de la vida y disfruta con cada nueva lección, sus amigos más cercanos, que como en el caso de Fiona Ferrer podrían formar de nuevo el Ejército de Cien Mil Hijos de San Luis, se llevan las manos a la cabeza con sus nuevas adquisiciones léxicas y los nuevos restaurantes y bazares a los que va.
Ya avisó hace unos meses que también poseía una habitación temática destinada a los grandes almacenes y, por eso, los in y cool de sus amigos temen que termine cogiéndole el gustillo a comer kebab en vez de caviar iraní o tomando kalimotxo en vez de Moët Chandon.