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Jesulín y Campanario: el ganadero feliz y la actriz 'amateur'

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@Eduardo Verbo - 03/11/2009

Jesulín y Campanario: el ganadero feliz y la actriz 'amateur'
 Jesulín de Ubrique y María José Campanario.

María José Campanario cocina una tortilla francesa de dos huevos para su ‘Jezuzito’. Mientras, su marido, un popular matador de toros ya en la sombra, mira la televisión y Julia revolotea por el salón. Ella también quiere cenar lo mismo que su hermano pequeño.”¿Quieres tortilla? Yo había preparado unos filetes”, dice la matriarca, una auténtica desconocida hasta el día de su boda con Jesulín de Ubrique.

Se trata de alguno de los episodios de la apasionante historia que sigue animando tertulias y tertulias y que anoche se encargó de retratar el documental ‘36 horas en Ambiciones’ (Antena 3). La expectación era grande y todo para observar que en verdad se trataba del reflejo de una vida anodina y un recorrido por la prolífica vida de Jesús Janeiro como matador de toros, malogrado cantante y showman en ciernes. Aunque su esposa también tiene su hueco. Y sus hijos. “Somos gente casera”, parece ser el lema familiar. La vida en Ambiciones, nombre de la finca familiar y del primer astado que Jesulín mató, comienza con la marcha de los pequeños de la familia al cole -a quienes acompaña el ex torero- un poco de deporte y la entrega a las labores del campo. Jesús en cuerpo y María José en alma con los papeleos de rigor.
 
Varias cosas llaman la atención del reportaje. María José se dirige a Jesulín como ‘su marido’ y habla en andaluz. Cecea y apostilla zalamera. Algo nada propio de una castellonense de pura cepa. Se ríe, llora y presume de hijos. Está hecha toda un ama de casa. Tradicional. Se confiesa tímida todavía frente a las cámaras, fuerte frente a todos los comentarios y enamorada de su ‘marido’, un apelativo que repite sin parar -una treintena de veces a lo largo de todo el documental-. María José interpreta el mayor papel de su vida. Un auténtico largometraje de dos horas de duración, que contó con el beneplácito de 2.744.000 espectadores y un 16,3 por ciento de cuota de audiencia. ¿Apta para todos los públicos?
 
Y de repente algo hace presagiar que mañana se va a liar parda. Belén Esteban no sale muy bien parada y Andreíta cuenta con pocos segundos de recuerdos, aunque los tiene. Mientras, el pequeño Jesús se perfila como el sucesor de su padre. Tan pequeño y con tanta pasión por saltar al albero, como aquel Jesulín que desde los siete años “comenzó a torear a todo aquel que se encontraba por delante”. Es el propio Jesús quien recuerda que no era muy buen estudiante y reconoce que empezaba a leer alguna cosa y “cuando llegaba al final no se acordaba de lo que había leído”.
 
Talento para jugar a fútbol y torear, miedo a la oscuridad y un auténtico ‘crack’ en el arte de la polémica. Las corridas con mujeres, sus pinitos en el mundo de la canción -de los que, al parecer, se arrepiente- sus cogidas… Y también su Curripipi. “Quería ser el mejor, el rey, el mandón -dice-. Y lo conseguí”. Se encarga de clarificar su amor hacia la Campa -a quien llama ‘su mujer’ con cariño otra treintena de veces- y su virilidad pese a las leyendas urbanas que no le han hecho mucha justicia desde que un asta de toro le otorgara el ‘sanbenito’.
 
La castellonense, que tiene la misma facilidad de mimetizarse con los acentos que el mismísimo Aznar, habla de la desazón que le produce ver a su marido delante de un toro y de lo buen padre que es. Los niños se acuestan y les dan un beso de buenas noches. Mientras, en San Blas algo se está cocinando. O tal vez no y como hiciera Alessandro Lecquio la semana pasada cuando su ex pedía perdón público, la Esteban y su familia están disfrutando de una buena película, pero de las que hacen reír. La crítica del debut en la pequeña pantalla del clan Ambiciones no se hará esperar.
 
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