No es el barrio más bonito de Roma. Tampoco el más elegante o el que tiene más monumentos. No está ni siquiera en el centro y, para llegar a él, hay que armarse de paciencia y sufrir el transporte público romano. Pese a todo esto el Pigneto es probablemente la zona de la capital italiana más viva y desenfadada. En los locales comerciales de sus sencillos edificios de dos o tres alturas se multiplican los bares de copas, restaurantes, tiendas peculiares y galerías de arte. Por sus calles conviven sin problemas los romanos con denominación de origen con los inmigrantes africanos o asiáticos llegados en las últimas décadas.
El Pigneto ha pasado de ser un arrabal polvoriento donde encontraba acomodo el proletariado más modesto a convertirse en el barrio de moda de Roma. En sus callejas y calles, partiendo de su arteria principal, la vía del Pigneto, el visitante palpa una efervescencia cultural y social difícil de hallar en otros distritos de una ciudad que demasiadas veces parece anclada en su glorioso y milenario pasado.
En esta zona del sureste de la capital se dan la mano el arte con las sandías a la venta en los puestos del mercado, el cappuccino y el cornetto de la mañana con los platos arriesgados y los cócteles de la noche, la contestación política con una peculiar manera de entender la dolce vita. El mejor símbolo de esta encrucijada tal vez sea el mural con el rostro de Jean Paul Sartre y una de sus citas existencialistas colgado al lado de una ferretería que expone en la puerta sus escobas y cepillos a la venta. Esta imagen da la bienvenida al paseante en el inicio de la vía del Pigneto. A partir de ahí se suceden a derecha y a izquierda los locales de restauración y de ocio, la mayoría con terraza para los días de sol, que en Roma son casi todos durante la mitad del año.
Podemos comenzar el recorrido tomando una cerveza (recomendamos 'Na Birreta, la mejor bebida de malta fabricada con proceso tradicional de la ciudad) en la trattoria Pigneto 41 o en el bar del Pigneto, los dos situados la calle homónima. En el primer local, además, podremos disfrutar del aperitivo, una costumbre gastronómica y social muy arraigada en toda Italia. Antes de la hora de la cena, pagando la bebida tendremos acceso ilimitado a las bandejas cargadas con comida de todo tipo (pasta, pizza, ensaladas, canapés y un sinfín de otros platos) que se ofrecen en la barra. Si seguimos con hambre, con sólo cruzar la calle podemos continuar de 'tapeo' en versión italiana en otro de los locales de moda, Contrasto.
Sorteando a las personas que pasean en bicicleta (una rara avis en esta ciudad sofocada por el tráfico, pero que aquí son legión) y a los niños que ajenos a todo juegan al fútbol, al pasear por vía del Pigneto y sus calles aledañas encontramos locales donde se dan la mano la cultura y las compras. Uno de ellos es Tuba Bazar, librería comprometida con anaqueles repletos de ejemplares poco accesibles en otros comercios, dedicados sobre todo al erotismo y al feminismo. Un poco más lejos está Li.boh, una interesante lugar a medio camino entre galería de arte y tienda de decoración que saciará el apetito del amante de los objetos vintage.
En la idiosincrasia del Pigneto está la pasión por la cultura, entendida de forma amplia y heterodoxa, a veces incluso alejada de los cánones habituales. Son numerosos los centros culturales del barrio, todos con un elemento distintivo común: están gestionados por asociaciones y cooperativas para las que el lucro es el último de sus objetivos.

Uno de estos lugares en el Nuovo Cinema Aquila, en apariencia un cine moderno y convencional. La cartelera, sin embargo, da la primera señal de que no es una sala como las demás, pues en ella se mezclan películas comerciales y otras que no lo son tanto. Echando un vistazo a sus sesiones se halla otra particularidad: aquí hay un pase especial para que las mamás puedan ver películas con sus bebés. Se llama cine mamme y pone a disposición del público un calienta biberones, una zona para cambiar los pañales y paciencia infinita para aguantar los llantos y gritos de los pequeños. Estas iniciativas nacen de la cooperativa formada por varios jóvenes amantes del séptimo arte a los que el Estado ha cedido la gestión del cine, cuya propiedad fue confiscada a su antigua dueña por estar relacionada con la Banda de la Magliana, la mafia de Roma.
Otro de los sitios donde se palpa el latido cultural del Pigneto es el Forte Fanfulla, un centro polivalente gestionado por una asociación que acoge exposiciones, una productora de documentales, restaurante, tienda de ropa y cursos de idiomas, entre otras iniciativas. Está situado a pocos metros del lugar elegido por Pier Paolo Pasolini para rodar Accatone. Hoy el restaurante donde el equipo de Pasolini comía durante el rodaje es uno de los lugares de moda del Pigneto. Se llama Necci y cuenta con una terraza estupenda para cenar o disfrutar del aperitivo. Pasolini no fue el único director atraído por el barrio. El maestro del neorrealismo, Roberto Rossellini, situó en sus calles Roma città aperta.