


@Elena R. Ballano
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03/02/2012
De lo sagrado a lo pecaminoso. Así es la historia de Andrés Sarda, un hombre que por culpa de una decisión del Vaticano se vio obligado a reciclar mantillas para fabricar sugerentes braguitas. Con motivo de su 50 aniversario, la firma ha querido organizar sobre la pasarela de Cibeles un desfile muy especial en el que no han faltado algunos de sus diseños más famosos.
Quién le iba a decir al joven Andrés que el Concilio Vaticano II de 1959 iba a convertirle en heredero del negocio familiar. Al declarar el Papa que ya no era necesario acudir a la iglesia con la cabeza tapada, la tienda de mantillas de la familia Sardá acumuló numerosas pérdidas. Ante la necesidad de darle salida a todo el material que tenían, optaron por convertir estas prendas religiosas y recatadas en divertidas braguitas y sujetadores adornados con puntillas.
En los años cincuenta la ropa interior femenina era casi ortopédica. Las mujeres españolas se tenían que contentar con prendas poco favorecedoras mientras sus vecinas francesas lucían sensuales combinaciones que hacían las delicias de los jóvenes del país.
Convencido de que la lencería femenina podía ser delicada, favorecedora y tentadora, Sardá empezó a crear, inspirándose en europeos y americanos, divertidas colecciones que poco a poco fueron consiguiendo una clientela fiel. Según explica Nuria Sardá, actual directora creativa de la firma, en conversación con Vanitatis: “Fue una oportunidad para llevar algo que las hiciera sentirse bien. La ropa interior es como el perfume. Es para estar más guapa y sentirte mejor”.
50 años después de aquella revolución, Andrés Sardá sigue estando en lo más alto del mundo de la lencería. Colección tras colección y gracias a años de esfuerzo logra ofrecer a sus admiradoras tejidos más cómodos y novedosos. "Nunca se está del todo satisfecho con el trabajo de uno, pero es un reto que te ayuda a avanzar”, explica Nuria.
Para celebrar el medio siglo de la firma, la danza, la estética y la magia han sido las fuentes de inspiración de la última colección que se ha presentado en Cibeles. El desfile del jueves ha sido una ocasión muy especial en la que la pasarela se ha convertido en un concurso de baile, dividido en cuatro tiempos: ritmos argentinos, latinos, españoles y clásicos. Cada uno de estos estilos ha ido acompañado por prendas diseñadas acorde con la temática: rojo y negro con flecos para los tangos, plumas y cristales de Swarovski para las sambas, tules y muselinas para los vals y volúmenes y mantillas para las sevillanas. Todo un festival de sonidos y colores que ha conseguido hacer un guiño a la prenda que dio origen a la firma.
Las nuevas creaciones han aparecido acompañadas por los grandes clásicos de la firma como los bodys transparentes y conjuntos de colores fotografiados por Hamilton en los setenta; el sujetador con tirantes de seda y las escultóricas bragas de blonda escotadas; el balconette con efecto push up; el modelo con aplicaciones de visón creado en la década del 2000 y el top de tiras cruzadas en la espalda en su versión con y sin perlas. Delicados trozos de tejido que recogen los momentos más emblemáticos de la firma en un recorrido visual que rinde homenaje a su gran protagonista, la mujer.
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