




EL REDACTOR RECOMIENDA
3 .- #2 Creo que es usted muy severo con el articulista.
Decir que Miguel, en sus restaurantes Los Remos y La Trainera, no ha abordado la renovación estética y de confort que sí ha emprendido su hermano Evaristo en los suyos, en primer lugar, no es echar por tierra esos locales donde se sigue comiendo fenomenal, sino que es una crítica light en un tono más que moderado sobre un aspecto exclusivamente decorativo. En segundo lugar, estará usted conmigo en que es verdad que Los Remos y La Trainera, han permanecido casi inmóviles en cuanto a su puesta en escena. Decirlo, no me parece que sea un sacrilegio. Supongo que una sección gastronómica como ésta, debe reparar en estas cosas. Lo raro sería que hablara del gol de Ronaldo.
Y que conste que voy tanto a El Pescador como a Los Remos; tanto a O Pazo como a La Trainera y que estimo personalmente a Miguel [bueno, a los Migueles], mucho más que a Evaristo.
2 .- Soy muy buen cliente, amigo y usuario de los restaurantes de la familia. Doy fé de la buena calidad, del buen servicio [soy muy mimado por ser muy buen cliente] y la ubicación de sus establecimientos.
Dicho esto, me parece lamentable y de una bajeza increible por parte del personaje que escribe el panfleto que me acabo de leer, que para ensalzar un restaurante se eche tierra encima de otros que, efectivamente no están tan actualizados, pero comparte una muy buena materia prima y un buen servicio. Se habrá quedado contento usted de la demostración de falta de clase que demuestra su artículo. Espero que por lo menos le invitaran a comer. Que le aproveche
1 .- Lo de Evaristo es tremendo. En esta época en la que cada día cierran restaurantes, algunos de ellos muy señeros y consolidados, es reconfortante comprobar cómo algunos recogen el fruto de muchos años de buen hacer. Filandón, que es un restaurante de gran aforo, está cosechando un éxito rotundo. Sus salones se llenan casi cada fin de semana y también presentan un aspecto muy nutrido en días laborables.
Pero no acaba ahí la cosa: he tratado de reservar en El Pescador los últimos 3 martes [martes, he dicho]. Ni llamando a las 10 de la mañana he conseguido mesa o, como mucho, me la ofrecieron a partir de las 15.45 de la tarde. En O Pazo pasa algo similar.
Y no será porque sea barato comer en los locales de Evaristo. Lo que sucede es que en estos tiempos, la gente le da más valor a lo que recibe a cambio de pagar determinado precio. Y está claro que en los restaurantes citados, la calidad es indudable, el servicio de sala acertado y por eso recogen gran parte de los clientes que han dejado de ir a otros lugares donde quizás pagaban igual o menos, pero no les daban a cambio lo mismo que este astorgano, que algún día será hijo predilecto de la Villa de Madrid.
Enhorabuena.