Paleontología: un 'hobbie' en auge en España

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Paleontología: un 'hobbie' en auge en España

Grupo de paleontólogos aficionados en un yacimiento de Teruel

@Raoul Higuera - Sígueme en    Twitter  - 06/04/2012

Lo que para muchos es tan solo un montón de piedras, para otros un fósil es mucho más que eso. Una llave al pasado que puede aportar información precisa sobre los hábitos y costumbres de un conjunto de organismos que reinaron en la Tierra mucho antes de la aparición del ser humano hace 2.5 millones de años. Ahora, que el buen tiempo empuja a realizar actividades al aire libre, los misterios de la historia evolutiva pueden quedar desvelados, gracias a una práctica en auge en España, la búsqueda de restos fósiles de animales y plantas -o de su actividad biológica- en las laderas de las montañas que forman parte del rico paisaje de la geografía española.

Un enclave privilegiado para esta práctica es Teruel, considerada capital de la cultura paleontológica europea desde el siglo XVIII, al albergar el mayor número de yacimientos en activo -150 de huesos y 29 de ignitas- de la Península. Alguno de estos enclaves tienen gran relevancia internacional como Galve, El Hoyo, El Castellar, Camino El Berzal, El pozo o Riodeva.
 
Precisamente en este último municipio turolense se acaba de presentar el cráneo de un Turiasaurus riodevensis, también conocido como el ‘gigante europeo’. Se trata de una especie de saurópodo que, hasta su descubrimiento en Teruel en 2006, no se encontraba catalogado. Puede alcanzar los 35 metros de longitud y hasta 10 metros de altura. Además, este ejemplar tiene el mérito de ser el más grande de Europa y el más completo del mundo, al haberse encontrado más del 55% de su estructura ósea, y se espera que este porcentaje aumente en las próximas semanas con nuevos hallazgos.
 
Este nuevo descubrimiento, realizado por los paleontólogos Rafael Royo y Luis Alberto Cobos de la Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel, ha sido secundado por Dinopolis, parque temático señalado en el mapa como visita obligada para todo aquel interesado en conocer la historia evolutiva de nuestro planeta y sus antiguos moradores, los dinosaurios.
 
¿Cómo hacer de la paleontología un hobbie?
 
Los fósiles son los testigos de los grandes acontecimientos de la Tierra, por ello su pronta recuperación y su adecuada conservación son vitales. Si uno quiere iniciarse en la búsqueda de estos tesoros mudos del pasado debe seguir una serie de premisas. Primero es recomendable conocer la historia geológica de la zona en la que se cree que puedan aparecer restos óseos de un dinosaurio o distintas piezas fósiles. Esto es fundamental si no se quiere vagar por el campo sin saber hacia dónde dirigir la atención.
 
Los paleontólogos buscan principalmente en terrenos sedimentarios. Aquí, la acumulación de tierras a lo largo de los siglos ha provocado que las distintas capas se hayan compactado y endurecido, haciendo posible la conservación óptima de vestigios de otras eras a la espera de ser rescatadas del olvido.
 
Un mapa geológico es imprescindible para esta tarea. Con él se podrán establecer los puntos clave en los que se pueden encontrar rocas sedimentarias susceptibles de contener fósiles. Una vez sobre el terreno no es complicado cruzarse con esquirlas, fragmentos de esqueleto que pueden pertenecer a un dinosaurio. En esta fase, “entra en juego el azar y la casualidad, pero también saber dónde mirar”, reconoce el paleontólogo Rafael Royo en conversación con Vanitatis. Pero también es fundamental poder distinguir una piedra de un hueso -este último posee una composición más porosa- para evitar pasar por alto grandes descubrimiento o dar por fabulosos hallazgos lo que puedan ser luego rocas con formas engañosas.
 
¿Cómo proceder frente un hallazgo paleontológico?
 
Una vez que se ha localizado una esquirla hay que actuar con precisión. Estas pequeñas piezas óseas facilitaran la posibilidad de fijar en qué estrato o capa se puede encontrar el organismo. Para ello, hay que observar el color, la textura y los elementos de la tierra que se encuentra adherida al hueso. Una vez se haya localizado la capa viene la tarea más complicada: limpiar el terreno retirando las capas más jóvenes y centrarse en el estrato correspondiente.
 
Lo habitual es golpear las rocas para ver si alberga un elemento óseo en su interior. Esta práctica puede llegar a dañar alguna pieza, ya que los huesos pueden desarticularse fácilmente al ser manipulados. Por este motivo, los paleontólogos cuentan con líquidos consolidantes como el paraloid o la acetona en concentraciones del 5 al 10 por ciento, que permiten que el fósil resista las labores de extracción y transporte.
 
Una vez que los fósiles han sido localizados, se limpian ‘in situ’ con un pincel o brocha de cerda dura para retirar el polvo y las partículas que se quedan adheridas a él. Este proceso ha de realizarse con sumo cuidado, evitando no arañar la superficie de las piezas.
 
Más tarde, todos los fragmentos que hayan sido rescatados del terreno han de ser debidamente catalogados y etiquetados indicando el lugar en el que se encontró, la capa a la que pertenece, la fecha y el nombre de quien lo desenterró. Este paso es importante si se desea continuar con la búsqueda de otras partes de la estructura del organismo, pues lo común es que se encuentren dispersos debido a la acción de agentes naturales como el viento, el agua u otros seres vivos, que actuaron sobre el sujeto antes de ser sepultado.

Por último, el material localizado debe ser trasladado al laboratorio para su adecuada conservación y posterior estudio. Las piezas deben ser entregadas de inmediato. La legislación prohíbe que este tipo de elementos sean sustraídos del terreno sin que los expertos tengan conocimiento de ello. Frente a esta situación, uno se podrá poner en contacto con cualquier fundación paleontológica para que ésta se haga cargo de examinar la pieza. Esto puede que no sea compartido por todos, pero el respeto a un procedimiento científico contribuye a desvelar parte del misterio que rodea a la desaparición de los grandes saurios hace 65 millones de años.

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