Le Carré regresa con una novela que cumple, punto por punto, con las constantes en que se ha apoyado su producción última. Esa mezcla de intriga, denuncia política y psicología obsesiva que define a sus obras recientes también está presente en un texto que aborda con tino uno de los grandes problemas contemporáneos, el del dinero sucio y su relación con los mercados financieros.
A pesar de que su excusa argumental, muy propia del escritor británico (una joven pareja de clase media alta, de vacaciones en un lugar idílico traba relación con un ruso, que resulta ser un mafioso que ha decidido buscar asilo en Inglaterra a cambio de revelar sorprendentes secretos), parece conducirnos hacia parámetros similares a los de las viejas novelas de espías, Le Carré prefiere que la intriga pierda peso en detrimento del retrato psicológico de unos personajes que han de desenvolverse con cierta entereza en un mundo en quiebra ideológica y moral. Así, el verdadero centro de Un traidor como los nuestros no es ninguno de sus protagonistas, sino ese fatalismo profundo que también tejía novelas como El jardinero fiel, Amigos absolutos o El hombre más buscado.
La atmósfera obsesiva que impregnaba sus narraciones de la época en que los espías británicos luchaban contra los soviéticos y sus topos, ha dejado lugar a un tono de irremisible pesadumbre al comprobar que los traidores contemporáneos son mucho más frecuentes que en el pasado y que ya no venden secretos a los comunistas, sino su patria al dinero. El mundo que nos dibuja Le Carré, y en el que sus personajes quieren hacer valer, a su manera, un mínimo de ética, es altamente desasosegante, ya que bajo una apariencia de legalidad no encontramos más que políticos, servicios de inteligencia y financieros persiguiendo sus propios intereses, pervirtiendo las instituciones y supeditándolas a la consecución de sus objetivos corruptos.
En ese mar turbio navegan los protagonistas de Un traidor como los nuestros, outsiders en el nuevo mundo, que encuentran en Dima, el mafioso que quiere huir a Gran Bretaña, una oportunidad para pasar a la acción, para dejar de ser personas que miran de lejos los acontecimientos y convertirse en protagonistas haciendo algo útil por su país. El más llamativo de sus personajes es Héctor, ese viejo miembro de los servicios secretos al que los hechos le han llevado a convertirse “un radical furibundo y tardío con cojones”. Después de su caída en desgracia en los servicios de inteligencia, Héctor tomó una excedencia para ayudar a una próspera empresa de su familia que estaba siendo acosada por fondos de inversión que pretendían adquirirla. Logró rechazar el ataque con trucos aprendidos en el mundo de los espías, un éxito que consiguió que las puertas de la inteligencia se le abrieran de nuevo. Desde allí prosigue, con su peculiar cinismo, una peculiar y perdida lucha contra la avaricia del dinero sucio, secundado por su ayudante, un entrañable perdedor, y una joven pareja que actúa por impulsos éticos.
Frente a esta pandilla de personajes con preocupaciones típicas de la clase media (como los hijos, la pareja, el futuro profesional y vital, etc.) nos encontramos a esos parlamentarios, lobistas, banqueros y limpiadores de dinero que tienen acceso a los más exclusivos clubes y a los lujos más significativos, que representan, para Le Carré, el poder real de nuestro tiempo, y a los que define como “mediocres, banales, insensibles, grises y diferenciados de otros elementos aburridos solo por su mutuo apoyo encubierto y su insaciable codicia”
La pelea enormemente desigual entre unos y otros, y las víctimas colaterales que produce, es el centro de las últimas novelas de Le Carré. En esa nueva versión del viejo escenario gótico, con el hombre situado en un contexto que le supera por completo, yace un notable sentido trágico. Si entendemos Un traidor como los nuestros desde este punto de vista, podremos apreciar plenamente el esfuerzo literario realizado por el autor para dar forma a ese mundo lleno de impotencia en el que se mueven sus protagonistas, y que convierte el texto en una obra notable. Si, por el contrario, pretendemos encontrarnos con una emocionante novela de espías, deberíamos buscar en otro sitio.
Un traidor como los nuestros. John Le Carré. Plaza y Janés, 384 páginas, 22,90 €