Miguel Casas - 03/01/2011

De la Riva, la cocina de la abuela
 

Este restaurante fue fundado en 1932 en la calle Nielfa como casa de comidas por Obdulia y Paulino de la Riva, que fueron la cocinera y el chofer de D. Antonio Maura. En ese pequeño local estuvieron más de cuarenta años, entonces no se reservaba mesa y las gente hacía cola en la calle, por lo que dependiendo de la largura de la misma, te entrabas o no entrabas.

Hasta que se trasladaron al actual sitio, en el que sí reservan mesa. Pepe Gil, marido de Pepa, la hija de Obdulia, ha sido el alma del restaurante. Te cantaba todo lo que podías comer, se auxiliaba de una pequeña chuleta donde tenía sus anotaciones. Pepe Gil falleció en diciembre de 2008, se le echa de menos, aunque jubilado se le veía con frecuencia saludando a los clientes, que se volvieron amigos a lo largo de sus muchos años en este negocio y jugando la partidita de mus.
 
Su actual propietario es Pepe Morán, Licenciado en Derecho, que colgó la toga para dedicarse en cuerpo y alma a continuar con la tarea de Pepe. Y como dice nuestro refranero: “es de bien nacido, ser agradecido”, Pepe Morán le ha hecho una Elegía a Pepe Gil, que por entrañable, me permito reproducir:
 
Se fue después de la vendimia, / en días de cavas y turrones, / su cuerpo ya no comprendía / Riojas, perdices y pichones.
“Mejor me voy-me dijo un día-/ si el rico pan de la tahona, / el aceite virgen de la oliva, / o el trago de Ribera no me importan”.
Ayer se fue mi amigo Pepe, / prudente, cumplidor como ninguno, se fue porque era inteligente, / sacó de la vida todo el jugo.
No me enseñó todo lo que se, / pero si a usar lo que sabía, / a no se ambicioso, a no correr, / y a disfrutar las horas y los días.
La muerte no debe estar contenta, / pues no ha cumplido su objetivo. / Sus hijos, sus nietos y su Pepa, / siguen dando color a su destino.
Y en aquello que toca a De la Riva, / sus amigos que gozan y laboran, / seguiremos cuidando su memoria / como él nos enseñó ¡con mucha honra!  
 
La decoración del restaurante es muy sencilla. La pequeña barra situada a la derecha de la puerta de entrada y el comedor a la izquierda, bien iluminado y decorado con cuadros y grandes botellones de vino de 27 litros en sus estantes, procedentes de su propia bodega, que lo distribuye en frascas.
 
La cocina es casera y la extensa carta la siguen recitando. Como entradas se pueden tomar unos mejillones en salsa o una fritura de rabas y calamares, boquerones fritos,  callos, ensaladilla, las verduras de temporada y las setas. También suele tener todos los días un plato de cuchara: las lentejas las hacen estupendamente, así como las alubias de Ibeas de Juarros y el cocido.
 
De segundo, pescado o carne. Destacan las cocochas de merluza, el chicharro asado o el congrio en salsa verde o al ajoarriero, platos que encumbró Obdulia, burgalesa de nacimiento. De carne el zancarrón, muy potente, la perdiz escabechada al baño María, el rabo de toro y los asados de cordero, cochinillo, el pecho de ternera y los productos de casquería como los callos, los sesos y las manitas de cordero.
 
De postre es famoso el flan casero con helado de vainilla acompañado de tejas y en temporada, y el membrillo natural al horno, con nata.
 
Sigue abriendo solo a mediodía y cerrando el domingo y los festivos, así como el mes de agosto. Una buena cosa al no servir cenas que nunca tienen prisa para irse y, después de comer, permiten jugar una partidita al mus.
 
Como novedad, disponen de aparcacoches.
 
Precio medio: 40 €
Cochabamba, 13 - Madrid.
Teléfono: 91 458 89 54
 

Recomendado en la Guía Miguelín “Comer bien en un restaurante de renombre no tiene mérito”. La guía Miguelín es perfecta para unos tiempos que no llaman al esnobismo: Miguel Casas, un profesional de las relaciones comerciales y aficionado a la buena mesa, nos ofrece una selección de restaurantes adeptos a la buena cocina, la limpieza, la simpatía de sus propietarios y la relación calidad-precio. La mayoría de los restaurantes incluidos en 'La Guía Miguelín' se encuentran en Madrid y su comunidad, aunque también figuran algunos de Segovia, Toledo, Alicante y Cádiz, su patria chica. El autor ha dividido Madrid en cuatro zonas, cada una acompañada de un plano en perspectiva de Pedro J. Villeta.
 
 
 
 
 
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