@Agustín Rivera - 27/07/2010
Pipo, su diminuto y travieso perro, revoletea por la calle Antonio de Cabezón de Málaga. Canal Plus emite (sin voz) desde Saint Andrews el Open Británico de Golf. El dueño de la casa se sienta en su sillón predilecto y habla del personaje. ¿De quién? De Juan Carlos. Del Rey de España. De su amigo. Miguel Prieto no presume de Rey (aunque también), sino de amigo.
Reconoce que muchos se han aprovechado de una supuesta amistad con el monarca. Él lo conoce desde pequeño. Con siete años, el Rey comía y cenaba en su hogar familiar. Miguel aprendió vela, en el Mar Menor (Murcia), con Don Juan Carlos y, ahora, cincuenta y tantos años después, los dos amigos presentan averías de salud pendientes de solucionar. Tras el verano, esperaban verse en Zarzuela. “Con un Cola-Cao de merienda”, como suele precisar el monarca.
Prieto, que fue jefe de protocolo de la Diputación de Málaga (1995-1999), acaba de jubilarse. Su último trabajo fue en el equipo de Publicidad del grupo Vocento en la capital malagueña. Si el Borbón obedeciera a Luis María Anson no se retiraría hasta los 100 años. Por ahora, el futuro Felipe VI no se presenta como una amenaza fantasma (tampoco real), pero el amigo del Rey sabe que la popularidad del marido de Letizia Ortiz dista mucho de la de su progenitor. “El Príncipe no lo tendrá fácil. Ha recibido una educación muy fuerte y no es tan abierto y campechano. España es juancarlista”. Él nunca le ha llamado Juan, ni Juan Carlos. Y menos Juanito. Majestad o Señor, como ordena y ejecuta la tradición.
El padre del entrevistado era comandante de avión. Como era experto en acrobacias aéreas, Don Juan y Franco acordaron en 1957 que se convirtiera en el profesor de vuelo (también de Matemáticas) del futuro Rey en la base aérea de San Javier. Cuando murió Miguel Prieto senior, el Rey se comprometió a que cuidaría de “Miguelito”. El monarca habló con Carmen Polo, la esposa del dictador. El joven entró interno en el colegio agustino Alfonso XII, en San Lorenzo de El Escorial.
Terminó el Bachillerato y el Preu. ¿Qué quieres hacer?, le preguntó Juan Carlos I. A Prieto no le seducía la Universidad. Lo que quería era ser piloto, como su padre. Pero no militar, sino comercial. Quedaba apenas un mes para que el Rey fuera coronado y Miguel se marchó el 21 de noviembre de 1975, un día después de la muerte de Franco, a estudiar un año en una escuela aeronáutica de Oakland, en la parte Este de la Bahía de San Francisco. “Él se gastó el dinero de su bolsillo para que me formara”, recuerda el entrevistado, mientras observa cómo el perro se sube al sofá. “¡Pipo, ven!”.
La vuelta a España no resultó sencilla. Fue estudiante de vuelo de Iberia, pero la Secretaría de Aviación Civil, regida por militares, no veía bien que “niños de Papá, como así nos trataban”, nos fuéramos a Estados Unidos a gastarnos el dinero pudiendo hacerlo aquí. “Allí se volaba mucho mejor y lo que para España se necesitaban cuatro años, en Oakland lo aprendí en sólo uno”.
1976: encuentro con Isidoro Álvarez
Descartada la convalidación de la estancia americana y roto su plan para convertirse en piloto comercial, Miguel Prieto se plantó un día en el despacho de Ramón Areces, el dueño de El Corte Inglés, en la calle Hermosilla, 112. Sin cita previa, en la planta quinta le recibió Isidoro Álvarez, sobrino del fundador, y en ese momento (1976) consejero general de la empresa. “Era un señor gordete y muy educado. Cuando vi que todo el mundo se ponía firme con él comprendí que Isidoro era muy importante”.
- ¿Qué querías?, le espetó el hoy presidente de El Corte Inglés a Miguel Prieto. ¿Pero tú tenías cita con mi tío Ramón?, se pregunto incrédulo.
- Mire usted, yo no tenía cita, pero me han dicho que esta es una muy buena empresa y venía a pedirle trabajo.
Álvarez le examinó con la mirada. “Pensé que me iba a mandar a la mierda”, bromea.
- ¿Fuma?- interrogó Isidoro Álvarez.
- Sí-, respondió Prieto. Sacó un paquete de Winston.
- Cuéntame un poco tu vida.
Prieto le habló de su formación en Estados Unidos. La buena planta y cortesía del joven convencieron a Álvarez.
- Tienes pinta de ser un buen comercial.
Un par de días más tarde se encargaba de la comercialización de las tarjetas de El Corte Inglés. En esta firma trabajó hasta 1989. Luego le fichó Bacardi.
El Rey, en su boda
Miguel Prieto se casó en Málaga el 10 de junio de 1978. Lo certifica el reloj Rolex que lleva, regalo del Rey. La dedicatoria reza así: “Con un abrazo de su segundo padre”. Don Juan Carlos no se quería perder la boda de alguien que considera un hermano pequeño, alguien casi de la familia. Dos días antes de la celebración, el monarca confirma que asistirá a la ceremonia.
Desde el aeropuerto mallorquín de Son Sant Joan llegó al aeropuerto militar de Málaga a bordo de un Mystère. Condujo él mismo un Mercedes. Un amigo de Prieto se quedó estupefacto cuando giró su cabeza a la derecha y le vio a los mandos del vehículo. Llegó a la iglesia y todos querían fotografiarse con el Rey, que fue testigo de la boda. “Me ha puesto el título de ahijado del Rey, pero no es verdad. Soy su amigo, pero no un aprovechado de Su Majestad”, puntualiza. El monarca no se quedó a la celebración. “Me iba tomar algo con vosotros, pero ante tanto revuelo mejor me vuelvo a Palma”.
Con los años han perdido un tanto el contacto, pero no la amistad. Se siguen enviando felicitaciones navideñas. La última vez que se vieron fue en el tropezón real de Don Juan Carlos en la inauguración de la terminal 3 del Aeropuerto de Málaga. “Carmela, fíjate, está inquieto. Nos está buscando y no nos ve”, le dijo Prieto a su mujer. Quedaron en verse en Zarzuela, pero cuando ya le dieron fecha en Palacio, le detectaron un tumor y tuvo que suspender el encuentro. Cuando ya estaba algo mejor, operaron al Rey.
Ahora incluso existe entre los dos cierta afinidad física. “Dicen que me parezco al Bastardo. A Su Majestad le recuerdo a su hermano Alfonso”. En la planta arriba de su casa guarda en una estantería marrón claro varios albúmenes de fotografías antiguas. En una de ellas, el rey bebe un zumo de naranja y Miguel Prieto sonríe, feliz, a la cámara. Fue en una cacería celebrada en Lugarnievo (Andújar) el 8 de febrero de 1979. Todos comieron perdices. Pronto un Cola-Cao en Zarzuela.
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Nació a tres kilómetros del Mediterráneo, frente al estadio de La Rosaleda. Cosecha malagueña del 72. Empezó a croniquear en el periódico del triangulito (Diario 16). Trabajó doce años en la esfera verde (El Mundo). Enviado especial a 15 países de cuatro continentes (aún le faltan Oceanía y la Antártida). Vivió en dos archipiélagos (el balear y el japonés). Le dio por publicar un libro de cine (El Viaje de los Ingleses: rodando con Antonio Banderas) y crear un blog con su nombre. Desde enero de 2009 escribe en El Confidencial. También es profesor asociado de Periodismo en la Universidad de Málaga.
Le encanta el reporterismo y la tinta, también de verano.
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